Japón rompe su tabú constitucional y apunta a pekín con misiles de 1.000 km

Japón ya no solo se defiende. Por primera vez desde 1945, el país despliega misiles capaces de golpear tierra firme a 1.000 kilómetros, un alcance que cubre desde Pyongyang hasta Shanghai pasando por la costa oriental de China.

El Gobierno de Sanae Takaichi ha colocado los proyectiles —fabricados en casa por Mitsubishi Heavy Industries— en las bases de Kumamoto y Shizuoka. La operación se consumó este martes sin despliegue mediático, pero el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, lo confirmó horas después: «Disuadir antes de ser invadidos». La frase suena a Reagan, pero es nipona. Y constitucional, según Tokio, porque la nueva doctrina habla de «contragolpe preventivo» y no de «ataque preventivo». Un matiz legal que desarma al pacifismo de la Carta Magna.

El destructor chokai ya dispara misiles tomahawk

El destructor chokai ya dispara misiles tomahawk

Mientras los misiles terrestres ocupan sus silos, el destructor Chokai zarpa del puerto de Yokosuka con otra novedad: puede lanzar Tomahawk estadounidenses tras una refritura en los astilleros de Mississippi. La combinación —tierra y mar— convierte a Japón en la cuarta potencia con capacidad de contraataque en Asia, tras China, Corea del Sur y, técnicamente, Corea del Norte.

El calendario no es casual. Takaichi prepara el terreno para ejercicios conjuntos con Estados Unidos en el estrecho de Taiwán este verano. El mensaje a Pekín es claro: si estalla un conflicto en el canal, la décima flota japonesa no se quedará de brazos cruzados. China respondió ayer con un comunicado del Ministerio de Exteriores: «Tokio juega con fuego en su propio patio». Palabras que suenan a amenaza, pero también a reconocimiento: el tabú militar japonés se ha roto.

En el archipiélago, la opinión pública se divide. El 52 % apoya la rearmada, según un sondeo de Yomiuri. El 37 % teme un nuevo ciclo de carrera armamentista. El resto no sabe qué pensar cuando ve los precios del arroz subir y los tanques volver a rodar por las carreteras de Kyushu. La historia da vueltas: hace ochenta años los misiles se apuntaban al Pacífico. Ahora apuntan al Pacífico, pero desde el otro lado.