Jimmy santi colapsa en la puerta del velorio de manolo rojas: la noche que la muerte le negó el adiós
Las puertas del Gran Teatro Nacional ya estaban cerradas cuando Jimmy Santi llegó corriendo. Era sábado, cerca de las 19:30, y el cuerpo de Manolo Rojas —su amigo, su compadre de escenario— estaba a metros, listo para el último viaje a Huaral. El cantante no lo sabía. O no quería saberlo. La seguridad le dio la espalda. Él gritó. Luego rompió. Y en menos de cinco minutos, el duelo nacional tuvo un nuevo capítulo: el artista que no pudo despedirse.
La noche que se quebró el alma del sonido
En los videos que circulan por WhatsApp se ve todo. Santi, de negro, sin abrigo, la cara deshecha. Dos chicas intentan sujetar sus brazos mélancolicos. Un agente de cultura le repite: «Señor, ya no podemos». El cantante alza el celular como quien lanza una piedra al vacío, pero el gesto se queda a mitad: no hay nadie contra quien pelear, solo la hora que se le adelantó.
Los organizadores habían decidido cerrar el ingreso a las 19:00 para preparar la logística del traslado. Nadie previó que un alma de la farándula peruana llegaría tarde por el simple motivo de que el dolor no respeta horarios. «¿Cómo voy a irme sin verlo?», repetía Santi, mientras la multitud de periodistas formaba un muro de flashes. En ese momento, el Gran Teatro dejó de ser un recinto cultural y se convirtió en el escenario de una tragedia menor dentro de la mayor: la del país que pierde a su payaso favorito.

De la rabia a la silla de ruedas
La situación escaló cuando el cuerpo de Jimmy empezó a fallar. Presión alta, pulso desordenado. Una médica de la producción lo revisó brevemente y ordenó: «Silla de ruedas y retirada». Así lo sacaron: entre flashes, empujado por dos mujeres que no eran ni paramédicos ni familia, solo gente del equipo que se volvió carne de escudo contra las cámaras. El viral nació ahí: el intérprete de “Cuando brille el sol” abandonado como un paquete, la fama convertida en lastre.
En TikTok, el clip de Víctor Ly ya supera los 3,2 millones de reproducciones. Los comentarios se parten: hay quien lo acusa de teatral y quien confiesa llorar con él. «Todos perdemos un familiar y no hacemos ese show», escribe una usuaria. «Pero ustedes no cantaron juntos en vivo 200 veces», responde otro. La discusión es el espejo de un país que aún no sabe procesar la muerte de quien lo hizo reír durante tres décadas.

El adiós que nadie filmó
Mientras Jimmy Santi recuperaba la presión en una ambulancia del MINSA, el féretro de Manolo Rojas salía por la puerta de servicio rumbo a la Panamericana Norte. Nadie grabó ese momento. No había influencers, solo camioneros que bajaban la ventana para dejar pasar la caravana. A la 1:10 de la madrugada, el cuerpo llegó al Club Social La Huaquilla de Huaral. Globos blancos, música de cumbia lenta y una fila de vecinos con carteles hechos a mano: «Manolo, gracias por los domingos».
La familia aclaró que el entierro será hoy a las 4 p.m. en el cementerio Campo Fe de Huachipa, no en Huaral como se anunció. Ruby Rojas, hija del humorista, pidió «cerco mediático lejos» para que la despedida sea «solo de gente que lo quiso antes de la fama». La frase suena a indirecta para los que llegaron tarde, pero también a consuelo para los que no pudieron entrar.
Jimmy Santi, ya en su casa, publicó una historia en Instagram: una foto de los dos en los 90, cuando el cabello era largo y los escándalos, inexistentes. No puso texto. No hizo falta. A veces el silencio es el único boleto que queda para entrar al show que ya no da más funciones.
