Junqueras fulmina la alianza con colau: no fui a prisión para que ahora sea diputada
Oriol Junqueras ha dinamitado este domingo en Barcelona cualquier atisbo de frente de izquierdas que pretendía tejer Gabriel Rufián. La frase corta de un excondenado suena a sentencia: Fui a la cárcel por Cataluña, no para que Ada Colau entre en una lista de ERC. Con esas palabras, el presidente de Esquerra entierra la operación que el portavoz republicano en el Congreso venía cocinando con los comunes y la CUP.

Una cataluña que se revisa mientras la derecha judicial avanza
La estocada llegó en la presentación del libro El franquisme en temps de Trump, en un acto que reunía a Junqueras y al presidente del Parlament, Josep Rull. Ambos coincidieron en la necesidad de tejer una red de partidos de tradición democrática para blindar los valores del modernismo catalán, pero el de Esquerra aclaró que ese acuerdo nunca será una coalición electoral. La distancia con los comuns se hizo insalvable: no se trata de cuotas, sino de esencias.
Rull, por su parte, apuntó a la derecha judicial y a Ciudadanos, ya desaparecido, como responsables de una herida persistente en el modelo lingüístico. El TSJC acaba de ejecutar la sentencia que anula el decreto que blindaba el catalán en la escuela. Ciudadanos ya no existe, pero la cicatriz sigue sangrando, sentenció. El presidente del Parlament cargó contra la judicialización del idioma y recordó el caso de los conductores de la cámara catalana, a los que se exige ahora saber catalán.
El discurso se volvió más oscuro cuando Junqueras desgranó la obsesión secular del Estado contra la lengua. España resolvió en los siglos XVIII y XIX la cuestión agraria, la Iglesia y el ejército, pero el catalán sigue siendo un problema, espetó. La frase cae en un momento en que el catalán vuelve a ser objeto de disputa judicial y la extrema derecha crece en los barrios donde la vida comunitaria se resquebraja.
Los dos dirigentes republicanos urgieron a actualizar el sentido de pertenencia para evitar que la nación catalana se quede sin futuro. Rull avisó: si no se integra a los nuevos catalanes de orígenes diversos, se abonará el terreno para quienes venden miedo. La receta pasa por la lengua, el trabajo y los espacios compartidos, no por cajones estancos que alimentan guetos.
La lección de la jornada es clara: la izquierda catalana sigue rota y el independentismo no negocia sus siglas ni sus siglos de cárcel. Mientras tanto, la justicia avanza en sentencia y la extrema derecha sonríe. La Cataluña que se pregunta por su futuro tendrá que esperar. Junqueras ya dio la respuesta: ni un escaño a cambio de la historia que le costó cuatro años de prisión.
