Justicia deja sin protección a camarera con 35% de discapacidad tras 13 años de dolor

Cristina lleva trece años levantándose a las cinco de la mañana para cocinar con el cuello clavado por tornillos y las muñecas dormidas. El Tribunal Superior de Aragón acaba de devolverla a la cocina: considera que su dolor no es bastante.

Una sentencia que pesa 35% de discapacidad

La Sala de lo Social desestimó el recurso que pedía la incapacidad permanente absoluta y ratificó la negativa del Instituto Nacional de la Seguridad Social. El fallo, fechado el 9 de marzo de 2026, concluye que la artrodesis cervical, la discopatía degenerativa, la estenosis de canal, la artrosis de rodilla y el síndrome de túnel carpiano bilateral no impiden "manipular ollas ni cargar bandejas". La trabajadora, autónoma en un bar de Zaragoza, acumulaba tres denegaciones previas: 2015, 2023 y enero de 2025.

La clave del desenlace no fue la gravedad de los diagnósticos, sino la distancia entre la discapacidad administrativa (ese 35% que avala su comunidad) y la incapacidad laboral (el baremo que fija si puede ejercer su profesión). El tribunal recuerda que ambas escalas no hablan el mismo idioma: la primera mide minusvalía; la segunda, productividad. Y en este caso, la segunda gana.

El argumento médico que no convenció

El argumento médico que no convenció

Los informes aportados por la demandante describen limitaciones en la flexión y extensión de la columna, rigidez cervical y dolor de muñeca que se dispara al girar sartenes. La pericia judicial, sin embargo, no halló "pérdida de fuerza significativa ni inestabilidad articular". Traducción: duele, pero aguanta. El INSS interpreta que el dolor crónico no invalida si no traduce en una reducción objetiva de la capacidad funcional. Cristina tendrá que seguir cocinando.

El plazo para recurrir ante el Tribunal Supremo se abre ahora: diez días con justicia gratuita. Mientras, ella enciende los fuegos del bar cada madrugada con un cuello que cruje más que las brasas.