Keiko fujimori despunta en el norte y abre brecha hacia 2026
La lideresa de Fuerza Popular ya huele el humo de la frontera electoral. Tras el primer debate presidencial, Datum la ubica con 16,2% en el norte y 16,5% en Lima y Callao, dos termómetros que anticipan la temperatura del país cuando falta menos de un mes para la primera vuelta.
La cifra habla por sí sola: 13% de intención de voto nacional, suficiente para trepar al primer puesto en un tablero donde el empate técnico aún mantiene a cuatro candidatos en franja mortal. Pero el detalle regional es el que desarma el mapa. En el sur, Rafael López Aliaga despliega 9,6% y se agarra de Lima para compensar; en el centro, el maestro Roberto Sánchez seduce 15,2% y perfora el 10,5% rural, un nicho que suele decidir elecciones peruanas cuando la capital duerme.
El norte vuelve a ser fujimorista
Piura, Lambayeque, La Libertad: allí donde el fujimorismo construyó puentes de asfalto y clientelismo en los 90, Keiko repite la liturgía. La diferencia es que ahora lo hace sin la maquinaria estatal, solo con el apellido que evoca obras y represión a partes iguales. El 16,2% que le da Datum en esa zona supera el techo de vidrio que la encerraba en 2021 y la coloca por fuera del margen de error.
El sur, en cambio, se le resiste. Arequipa, Cusco y Puno regalan su primera opción a López Aliaga, quien capitaliza el discurso anticasta y la imagen de empresario que «no roba». El 17,4% que logra en Lima le sirve de amortiguador, pero sin el norte no hay fórmula ganadora. La lección la aprendió Keiko en tres derrotas seguidas: sin Piura no hay paraíso.

Rural vs urbano: la grieta que decide
Sánchez lo entendió antes que nadie. El profesor de Juntos por el Perú ya recorre pueblos donde el asfalto es noticia y la señal de celular un lujo. Su 10,5% rural parece modesto, pero sumado al 15,2% del centro le permite soñar con un balotaje de tercera vía. El problema: en Lima apenas alcanza 6%, y la capital concentra el 40% del padrón.
El estudio de Datum —2.000 entrevistas cara a cara entre el 25 y 27 de marzo, 95% de confianza— revela que 11,7% aún no sabe qué hacer el 12 de abril. Ese casi 12% es el verdadero juez: bastó que se inclinara por Pedro Castillo en 2021 para que la elección se volviera un suspenso de meses. Ahora la incertidumbre vuelve a ser el candidato favorito.
La pregunta no es quién gana, sino quién puede evitar que el voto útil estalle en la última semana. Keiko ya lo vivió: en 2016 lideró hasta el último día y terminó perdiendo por 0,24%. Por eso, pese al 13% que la pone arriba, sus asesores no celebran. Saben que en Perú la ventaja se evapora cuando el antivoto se activa. Y el antivoto, hoy, lleva su apellido grabado.