Keiko se despega y la incertidumbre se dispara: 1 de cada 4 peruanos aún no sabe si votará
La noche del debate dejó un sabor agridulce en la boca de los candidatos: Keiko Fujimori logró escapar del empate técnico y ahora lidera con un magro 11 %, m que su perseguidor, el exalcalde ultraconservador Rafael López Aliaga, se desinfló dos puntos y cayó al 9 %. La sorpresa la dio el payaso que ya no hace reír: Carlos Álvarez saltó al tercer puesto con 7 % y dejó atrás a los rostros serios de la izquierda.
La polarización que no arrasa
Lima amanece dividida en microclimas. En los distritos de aire acondicionado del este, Keiko repite su apellido como mantra y alcanza el 18 %. En la capital desigual, donde el ómnibus deja el asfalto y empieza el polvo, López Aliaga aún respira con 15 %. Pero hay una tercera orilla: 21 % de ciudadanos confiesan que votarán blanco o nulo y otros 13 % siguen mirando el techo cuando les preguntan. La cifra habla por sí sola: más de ocho millones de peruanos aún no han encontrado candidato al que creerle.
La encuesta de Ipsos —1.212 entrevistas entre el 26 y 27 de marzo, margen de error 2,8 %— dibuja un país que no termina de cerrar la herida. Keiko arrastra el peso de un apellido que para algunos es sinónimo de orden y para otros de condena. López Aliaga, bendecido por los pastores y maldito por los memes, bajó justo después de enfrentarse a 34 rivales en un plató que parecía sala de emergencias. Álvarez, en cambio, subió gracias a un par de chistes que hicieron cosquillas al hastío general.

Los que no aparecen en la foto
Mientras los flashes se los llevan los tres de arriba, el exministro Jorge Nieto se aferra al 5 % y el izquierdista Alfonso López Chau baja al 4 %, el mismo porcentaje que comparte con Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú. Fuera del margen de error, pero dentro del juego de alianzas, aparecen los 2 % de Fernando Olivera —el excongresista que en el debate sacó un sobre amarillo— y la exministra Marisol Pérez Tello, que propuso auditar la deuda externa y ganó aplausos que no se traducen en votos.
La selva oriental y el norte del país parecen territorio de nadie: allí el voto nulo supera el 25 %. Es la geografía del desencanto, donde los candidatos llegan en helicóptero, prometen agua y se van antes de que llegue la noche. La mayoría de los consultados cree que la elección se definirá en una segunda vuelta el 7 de junio, pero nadie se atreve a decir contra quién enfrentará a Keiko. La incógnita no es quién gana, sino quién puede gobernar un país que ya no cree en los ganadores.
El reloj corre hacia el 12 de abril y la campaña huele a humo de fogata y a promesa olvidada. Con 27 millones convocados a las urnas, la pregunta ya no es por qué Keiko va adelante, sino por qué nadie logra desbancarla con más de un dígito. La respuesta está en los ojos de quienes cruzan la avenida sin mirar los afiches: la política peruana se quedó sin héroes y los villanos ya no asustan. La contienda apenas empieza y ya huele a desenlace incierto.
