Kosovo soñó con el mundial y el gobierno puso precio al sueño: un millón de euros por derrotar a turquía

Un millón de euros. Eso vale hoy, para el Gobierno de Kosovo, pasar a la fase final del Mundial de Canadá-Estados Unidos-México. El ejecutivo de Albin Kurti ha prometido esa cantidad —en metálico— a la selección si el martes, en Pristina, doblega a Turquía y certifica su primera clasificación para un gran torneo. La suma se suma a los 500.000 ya anunciados por el ministro de Finanzas, Hekuran Murati, tras eliminar a Eslovaquia (4-3) en la repesca previa.

El dinero que nadie quiere contar

El dinero que nadie quiere contar

El anuncio se hizo por Facebook, como quien tira un papel al aire. Murati publicó la cifra, pero no aclaró cómo se repartirá. Entre futbolistas, cuerpo técnico y personal auxiliar, la prima ronda los 40.000-50.000 euros por cabeza. Ni la federación ni el gabinete quieren desglosar más: aquí el mensaje político importa más que la contabilidad.

El país, que declaró su independencia de Serbia en 2008 y logró el reconocimiento de la FIFA y la UEFA en 2016, lleva ocho años intentando colarse en una gran cita. Se quedó fuera en 2018 y 2022; también se perdió la Euro 2020 y la Euro 2024. Ahora, tras acabar segunda en su grupo por detrás de Suiza, tiene una bala en el cargador: ganar al combinado turco y saltar al Grupo D del Mundial, junto a Estados Unidos, Paraguay y Australia.

Turquía, por su parte, llega a Pristina tras apear a Rumanía (1-0) y con la presión de un país que tampoco se quiere quedar fuera. El choque, más allá de la táctica, huele a política: Kosovo sigue sin reconocimiento pleno de Ankara, que mantiene vínculos estratégicos con Belgrado. Un gol local puede resonar en los pasillos del poder tanto como en las gradas del Stadiumi Fadil Vokrri.

La cifra habla por sí sola: 1,5 millones de euros podrían desembolsarse en una sola noche. Para un Estado con un PIB per cápita de 5.500 euros, la prima es un guiño electoral disfrazado de estímulo deportivo. Pero también es el precio de una ilusión que, hasta hace una década, parecía imposible: ver a los Dardanët en un Mundial antes que en los libros de historia.