Kuwait rompe el tabú: la liga árabe es un 'cadáver diplomático'

kuwait ha destapado la caja de Pandora. El ministro de Exteriores, Yarah Alahmad al Sabah, ha calificado públicamente a la Liga Árabe de incompetente para proteger a sus Estados miembros, una afirmación que retumba como un disparo en el silencioso salón de las diplomacias del Golfo.

Un organismo que ya no dispara, solo parpadea

La acusación cayó este domingo durante una sesión telemática que muchos participantes creían rutinaria. Alahmad al Sabah no solo apuntó al entramado panárabe: cargó las culpas de la lluvia de misiles y drones iraníes —307 balísticos, 2 de crucero y 616 drones desde el 28 de febrero— sobre la inacción colectiva. La cifra habla por sí sola: casi mil proyectiles en un mes contra un país que apenas supera los cuatro millones de habitantes.

En su discurso, el jefe de la diplomacia kuwaití definió la ofensiva de Teherán como «una transgresión flagrante» y subrayó que la Liga Árabe «ha asumido un papel influyente» que, en la práctica, se ha quedado en retórica vacía. Lo que nadie cuenta es que, tras cada impacto, los radares kuwaitíes detectan la misma secuencia: aviso a Riad, alerta a El Cairo, silencio desde Bagdad y un comunicado condenatorio que llega cuando los escombros ya están fríos.

El balance humano empieza a ser incómodo para Washington. El mando central de EE.UU. ha confirmado la muerte de seis reservistas estadounidenses y de un soldado que sucumbió durante una «emergencia médica» relacionada con los ataques. A ello se suman seis civiles kuwaitíes, cuyos nombres el gobierno aún no ha hecho públicos por «motivos de seguridad familiar», según fuentes parlamentarias.

Irán juega con la regla del silencio

Irán juega con la regla del silencio

La estrategia de Teherán parece calcada a los despliegues previos en Siria e Irak: saturar el espacio aéreo, medir la respuesta regional y apostar a que la comunidad internacional termine aceptando el nuevo status quo. El detalle que inquieta a los analistas es la velocidad de fuego: 25 proyectiles por día de media, una cifra que duplica el ritmo de los ataques rusos sobre Ucrania en sus peores semanas.

En kuwait City, la resignación empieza a convertirse en furia contenida. Los supermercados ven cómo se vacían los estantes de agua embotellada y pilas; los grupos de WhatsApp militan la teoría de que la Liga Árabe «espera que Irán se canse». Mientras tanto, las bolsas de valores del Golfo sufren un descuento 'geopolítico': el índice kuwaití acumula un 9,4 % de caída en marzo, la peor racha desde la invasión de Irak en 2003.

La pregunta que quema en los pasillos de la organización panárabe es si alguien moreno de voz será capaz de recomponer el entramado. La presidencia rotativa, ahora en manos de Egipto, promete una cumbre extraordinaria que, según los expertos, probablemente termine en una «condena unánime» y un fondo de reconstrucción que nunca llegará a tiempo.

La lección es brutal: cuando las fronterias se despliegan en forma de drones, los tratados de defensa colectiva se desvanecen como el humo que dejan los impactos. Y kuwait, incómodo, ha decidido que ya no va a pagar el pato solo. La bala de Alahmad al Sabah está en el aire; la Liga Árabe tiene días, no semanas, para demostrar que aún sabe disparar.