La abogada de koldo rompe la cárcel: pide juntar a su cliente con ábalos antes del juicio por las mascarillas

Leticia de la Hoz ha lanzado una carta al Tribunal Supremo que huele a desesperación y a estrategia. Su cliente, Koldo García, duerme desde noviembre en Soto del Real y el 7 de abril se sentará en el banquillo acusado de cobrar sobornos en la compra de mascarillas. La letrada quiere que el Supremo autorice «de forma excepcional» que su equipo y el de José Luis Ábalos puedan reunirse cara a cara, sin mampara, sin locutorio, sin la triste coreografía penitenciaria que impide tocar un pen drive.

La negativa de la cárcel convierte la defensa en «imposible»

La negativa de la cárcel convierte la defensa en «imposible»

La Subdirección de Seguridad del centro madrileño ya dijo no. De la Hoz recurrió. Asegura que la negativa genera una «indefensión material» porque entre los tres acusados hay miles de folios y archivos digitales que deben contrastar antes de que el fiscal pida 24 años para Ábalos y 19,5 para Koldo. «Sin reuniones conjuntas es imposible contrastar las versiones y la documentación intervenida que afecta a ambos internos», escribe la abogada en el escrito al que ha tenido acceso Europa Press.

La petición no es una boutade procesal. De la Hoz cuenta que un funcionario de prisiones les aconsejó por escrito que elevaran la solicitud para «su debida organización». Ellos obedecieron. La respuesta fue un silencio que suena a rechazo. «Una práctica que es perfectamente normal y habitual en el día a día penitenciario cuando existen causas con multiplicidad de investigados», se queja la letrada.

El acuerdo con el abogado de Ábalos, Marino Turiel, es «total y explícito». Ambos quieren una sala sin barreras físicas, ordenador portátil y soporte de almacenamiento. La razón: el juicio arranca en tres semanas y la Fiscalía ha citado a más de 70 testigos en 13 sesiones. El tercer acusado, el empresario Víctor de Aldama, también se juega siete años de cárcel.

La defensa conjunta se ha vuelto un oxímoron dentro de un centro penitenciario que presume de seguridad pero que, según los letrados, convierte la preparación de un juicio de alto nivel en una tarea de escapista. La mampara del locutorio impide compartir pantallas, señalar contratos, discutir correos intervenidos. «Hacerlo por videoconferencia es como operar con guantes de boxeo», resume un miembro del equipo.

El Supremo tiene ahora sobre la mesa un dilema que trasciende la pandemia y las mascarillas: permitir que dos exaltos cargos del PSOE preparen su estrategia como si estuvieran en un bufete de la Castellana o mantener el protocolo que separa a reos que, hasta hace poco, compartían despacho en el ministerio. La respuesta llegará antes del 7 de abril. La fecha está marcada en rojo en la agenda de Soto del Real y en la de un partido que ya no puede permitirse otro episodio de desgaste.