La audiencia tumba el asilo de un mauritano que perdió un ojo huyendo del yihadismo

La Audiencia Nacional acaba de cerrar la puerta a un joven que llegó a España con un ojo menos y un pasado entero de cicatrices. Su petición de asilo ha sido desestimada: el tribunal considera que su historia —campamentos yihadistas, palizas, venganza y fuga— no sostiene el peso de la ley.

El fallo, conocido este martes, confirma la negativa del Ministerio del Interior y deja al solicitante al borde de la expulsión. La resolución señala que su relato resulta “inverosímil, incoherente e insuficiente” para encajar en la figura de refugiado.

El engaño que le costó un ojo

Todo comenzó en 2011, cuando tenía 16 años. Según su declaración ante la policía de extranjería, su padre lo llevó a un campamento de entrenamiento yihadista en el desierto mauritano bajo la promesa de “aprender el Corán”. Allí le quitaron el teléfono, le raparon la cabeza y lo metieron en una trinchera con fusiles de madera. Cada día que se negaba a repetir el juramento de Al-Qaeda en el Magreb recibía patadas en el riñón. Hasta que una noche le partieron la cuenca del ojo izquierdo con la culata de un Kaláshnikov.

La herida lo sacó del campamento, pero no del infierno. A los tres meses regresó al asentamiento y, según admite, apuñaló al comandante que lo había mutilado. “Le dejé tuerto, como yo”, relató. Fue entonces cuando la familia pagó a un contrabandista para que lo escondiera cerca de la frontera con Senegal. Estuvo nueve meses en un zulo, bebiendo agua de charca y comiendo arroz crudo, hasta que logró cruzar el Atlántico con pasaportes falsos.

España le dio cama, no protección

España le dio cama, no protección

Llegó a Gran Canaria en 2022. No pidió asilo: decía que desconocía el trámite y temía que la policía lo devolviera a Mauritania. Trabajó en una obra en construcción hasta que una redada lo llevó al Centro de Internamiento de Extranjeros de Murcia. Allí, con la expulsión sobre la mesa, Cruz Roja le explicó que podía pedir protección internacional. Lo hizo. Tarde, pero lo hizo.

El Ministerio del Interior le dio un “no” rotundo en abril de 2023. El informe del ACNUR coincidió: no había registros médicos que respaldaran la pérdida del ojo ni denuncia previa ante la policía mauritana. La Audiencia ahora secunda los argumentos y añade un matiz demoledor: “La falta de veracidad no queda desmentida por la existencia de una herida física”. Traducción: tener un ojo de vidrio no basta para ser refugiado.

El tribunal recuerda que la ley exige una persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social. Y que la venganza personal, por muy sangrienta que sea, no encaja en esa lista.

El regreso que nadie quiere

El regreso que nadie quiere

La resolución deja al joven en un limbo legal: sin asilo, sin autorización de residencia y con una orden de expulsión que puede ejecutarse en cualquier momento. Su abogado ha anunciado recurso ante el Supremo, pero el precedente es demoledor: el 92 % de las denegaciones de asilo que llegan al alto tribunal se confirman.

Mientras tanto, el muchinato permanece en un piso okupado en Aluche. Camina con las manos en los bolsillos para que nadie note su ojo de cristal. Dice que si lo deportan lo matarán. O eso cree. La Audiencia ha decidido que su miedo no es creíble. La cicatriz, en cambio, sigue ahí: una media luna blanca que le cruza la cara como un mapa de lo que fue y de lo que ya no puede demostrar.