La bandera de ee.uu. vuelve a ondear en caracas y la oposición ya sueña con visas y votos
La embajada de Estados Unidos en Caracas abrió sus puertas este lunes tras seis años de ausencia y bastaron tres horas para que la oposición venezolana convirtiera la reapertura en un acto de campaña electoral.
La sede diplomática, que permaneció cerrada desde que Washington reconoció a Juan Guaidó como presidente interino en enero de 2019, recupera así su funciones consulares en plena negociación entre el gobierno de Nicolás Maduro y la administración de Donald Trump tras la captura del líder chavista el pasado 3 de enero.
Primero justicia ve en la reapertura un salvavidas para la transición
El partido Primero Justicia fue el primero en reaccionar. En un mensaje publicado en X, la formación liderada por Henrique Capriles celebró que la presencia estadounidense «sirva como garantía para que la transición se concrete, acompañando la construcción de instituciones fuertes y apartidistas» que lleven a Venezuela a «unas elecciones libres y democráticas».
La nota, redactada con el tono optimista que caracteriza a la tolda naranja, añadió que la reapertura «será el inicio de una duradera relación comercial, social y política que ayudará a la familia venezolana a ser parte importante del mundo libre». Un discurso que contrasta con la realidad de un país donde el 82% de la población vive en pobreza según el último informe de la Universidad Católica Andrés Bello.

Un nuevo tiempo copia el manual trumpista
La formación Un Nuevo Tiempo (UNT), por su parte, optó por un guiño directo al inquilino de la Casa Blanca. «¡Unidos, hagamos grande a Venezuela!», proclamaron en sus redes sociales, en una frase que no disimula su inspiración en el «Make America Great Again» que catapultó a Trump a la presidencia en 2016.
El partido fundado por Manuel Rosales confía en que la reapertura diplomática actúe como «catalizador para la transformación del país hacia un camino de progreso, prosperidad y reencuentro». Un mensaje que suena a deseo en un territorio donde la inflación acumulada del último trimestre supera el 200%.
Baruta se convierte en el nuevo epicentro diplomático
El municipio Baruta, en el sureste de Caracas, se perfila como el gran beneficiado de la medida. Su alcalde, Darwin González, no dudó en calificar la reapertura como «una gran oportunidad no solo para la diplomacia, sino también para la inversión».
«Para nosotros como municipio Baruta es un verdadero honor ser el epicentro de esta gran noticia», afirmó el dirigente opositor en Instagram, anticipando que «próximamente miles de venezolanos no tendrán que viajar al exterior para hacer sus trámites consulares».
La promesa resulta música para los oídos de los 4,5 millones de venezolanos que según la Organización Internacional para las Migraciones han abandonado el país desde 2015, muchos de los cuales deben cruzar fronteras para renovar pasaportes o solicitar visas.
La embajada promete puentes comerciales y empleo
El equipo diplomático estadounidense, liderado por el encargado de negocios Francisco Palmieri, anunció que la sede buscará «vincular a empresarios de ambos países» y establecer contacto con «todos los sectores políticos y de la sociedad civil venezolana».
En un comunicado difundido este lunes, la legación confirmó que trabajará en la «reconstrucción de sus instalaciones para brindar servicios consulares en un futuro cercano», aunque no especificó fechas concretas para la reanudación de trámites de visas de inmigrante, suspendidos desde 2017.
La reapertura se produce justo cuando Venezuela y Estados Unidos restablecieron el mes pasado sus relaciones diplomáticas tras la captura de Maduro y la posterior negociación que llevó a Delcy Rodríguez a asumir la presidencia interina. Un giro político que la oposición quiere convertir en billetes de voto antes de que termine el año.
El reto ahora es que las promesas no se queden en fotos de banderas. Mientras tanto, en las colas de las panaderías de Caracas, la gente habla más del precio del kilo de harina que de la reapertura de una embajada. La política, como siempre, corre más rápido que la vida real.
