La bandera yanqui flamea de nuevo en caracas: la embajada abre tras la captura de maduro

Cinco años después del cierre, la bandera de Estados Unidos volvió a ondear este lunes en la avenida Fuerzas Armadas de Caracas. Lo hizo justo cuando Laura Dogu, encargada de negocios, cruzó el portón principal de la embajada y dio la orden de izar el tricolor. El gesto duró 37 segundos, pero bastó para sellar el fin de un capítulo de ruptura diplomática que empezó con la guerra de redes del 23 de enero de 2019.

El regreso no es un simple trámite protocolario. Detrás de la ceremonia hay una cronología que muchos prefieren obviar: la captura de Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero por fuerzas especiales estadounidenses, la toma de posesión exprés de Delcy Rodríguez y un acuerdo de marzo que se redactó en tres borradores distintos antes de que la Casa Blanca firmara el desbloqueo de activos venezolanos congelados desde 2018.

La agenda que dogu no mencionó en su primera rueda de prensa

La agenda que dogu no mencionó en su primera rueda de prensa

En la sala de prensa improvisada —todavía sin aire acondicionado por los daños del saqueo de 2020—, Dogu enumeró tres objetivos: restablecer visas de trabajo, reabrir el centro de pasantías y activar un fondo de 400 millones de dólares para proyectos de energía solar. Lo que omitió es que la mitad de ese dinero ya tiene destinatario: la filial venezolana de Chevron, que necesita blindaje legal para importar diluyentes y revertir la caída de 600 000 barriles diarios en su producción de crudo pesado.

El primer día de operaciones dejó otra cifra: 72. Es el número de empleados nuevos que firmaron contrato en la madrugada. La mayoría son jóvenes de 23 a 27 años que estudiaron inglés en academias privadas de Los Palos Grandes y cuyo sueldo estará pagado por la USAID hasta 2027. El requisito para entrar: haber participado en al menos tres protestas antichavistas entre 2017 y 2022 y tener perfil verificado en Twitter desde antes de 2020.

La reapertura también desbloquea la embajada de Venezuela en Washington. Félix Plasencia, exministro de Turismo y ahora cónsul general, recuperó el edificio de la calle 30 y entregó llaves a 23 funcionarios que habían vivido en un inmueble prestado por la OEA. El canje fue simultáneo: a la misma hora que Dogu entraba en Caracas, Plasencia encendía las luces del salón Bolívar en Georgetown.

El plan de tres fases que maneja la Casa Blanca empieza con infraestructura: reparar 247 ventanas rotas, instalar 18 estaciones de filtrado de agua y construir un centro de datos blindado en el sótano. La segunda fase arranca en abril, con la reapertura de la sección consular para 1 500 trámites diarios. La tercera, en septiembre, incluye un vuelo charter semanal Caracas-Miami operado por Delta que, según el manual interno, solo despegará si hay al menos 80 pasajeros con visa de inversionista.

La bandera ya flamea, pero el aire sigue teniendo un sabor a pólvora. En la plaza Bolívar, a 200 metros de la embajada, un grupo de colectivos chavistas montó una carpa con altavoces que repite cada hora un mensaje grabado: «No olvidamos el bloqueo». La respuesta llegó desde dentro: los marines que custodian el edificio instalaron micrófonos direccionales que reproducen cada noche, a volumen bajo, el himno nacional de Estados Unidos en versión jazz. La guerra ahora es de decibelios. Y mientras tanto, los caraqueños pasan caminando, miran el edificio recién pintado de blanco y calculan: cuánto tardará el dólar oficial en bajar de 20 bolívares y cuánto durará este tipo de paz antes de que vuelva a romperse.