La beca rita cetina abre el bolsillo de sheinbaum a todas las familias mexicanas
El Gobierno de México acaba de convertir la educación básica en un negocio de 2 500 pesos anuales por niño. La Beca Rita Cetina, antes reservada a los más pobres, ahora es universal: basta con tener un hijo en primaria o secundaria pública y un par de documentos en la mano para recibir el dinero que, según la propaganda oficial, evitará la deserción escolar.
La jugada es simple: 2 500 pesos por alumno de primaria, 1 900 pesos bimestrales por cada escolarizado en secundaria y 700 pesos extra por cada hermano que comparta el mismo nivel. El reparto se hace a través de la tarjeta del Banco del Bienestar, la misma que reparte Liconsa, Sembrando Vida y las demás dádivas del Estado. Resultado: la administración de Claudia Sheinbaum consolifica a millones de hogares como clientes cautivos de una red de corresponsales financieros que vive del comisión por cada giro.
Documentos que convierten a tu hijo en una cifra presupuestal
El trámite es tan sencillo que parece una broma: CURP, celular, correo electrónico, identificación y comprobante de domicilio. Nada de declaraciones de ingresos, nada de verificación socioeconómica. El único filtro es no percibir otra beca federal —un detalle que se cruza en la base de datos del SAT— y estar inscrito en una escuela pública. Con eso, el sistema genera un número de folio y la Secretaría de Bienestar programa el abono. La burocracia se reduce a cinco minutos frente a un capturista y una firma digital que pocos leen.
El calendario es implacable: cinco pagos bimestres, sin contemplar julio ni agosto. El dinero llega justo cuando las papelerías suben sus precios y los uniformes vuelven a medirse. La lógica del reparto convierte el ciclo escolar en un reloj de cobro: si te descuidas y no renuevas el trámite anual, la luz roja del sistema te borra y el siguiente bimestre no aparece el depósito.

El precio de comprar paz social con 2 500 pesos
Detrás del discurso de la “educación como derecho” hay una cuenta de resultados electoral. Con 12 millones de beneficiarios potenciales, la beca universal se perfila como la red más grande de clientelismo escolar de la historia reciente del país. Cada peso entregado es un voto atado a la promesa de que, si cambia el partido en el poder, desaparece el depósito. La operación es tan descarada que ni siquiera se oculta: los módulos de registro funcionan en las mismas sedes donde se cocinan las campañas de vecinos organizados.
El gasto fiscal ronda los 27 000 millones de pesos anuales, según cálculos de la asociación civil México Evalúa. Es decir, el equivalente a tres meses del presupuesto de la UNAM o al costo de construir mil escuelas nuevas. Pero aquí no se levanta un solo aula: el dinero se evapora en útiles que terminan en las tiendas departamentales y en uniformes que crecen dos tallas antes de que termine el ciclo. La deserción escolar, según la propia SEP, apenas bajó dos puntos porcentuales desde 2022. El efecto real es otro: millones de padres ahora miran el calendario electoral con la misma ansiedad con la que esperan la mensualidad.
La Beca Rita Cetina no es un programa educativo; es un mecanismo de contención social que convierte la escuela pública en un cajero automático. El mensaje que reciben los niños es brutal: tu presente vale 2 500 pesos al año, tu futuro depende de que tu familia siga siendo fiel al partido que firma el cheque. Mientras tanto, los maestros siguen sin libros de texto, los planteles se derrumban y la calidad de la educación se hunde en los informes PISA. El gobierno paga para que no protesten, no para que aprendan. La factura llegará cuando esa generación crezca y descubra que el dinero nunca alcanzó para comprarles un lugar digno en la economía real.
