La beca rita cetina pagará en abril: 1 900 pesos que deciden si un adolescente sigue en la escuela
El lunes 6 de abril arranca la cuenta regresiva. Ese día la Coordinación Nacional de Becas para el Bienestar publicará el calendario que dictaminará cuándo caen en la tarjeta del Banco del Bienestar los 1 900 pesos que separan a miles de adolescentes de la deserción escolar. El trámite es mínimo: una app y la primera letra del apellido paterno. El problema, monumental: en México abandonan la secundaria entre 5 y 7 de cada 100 jóvenes, según el más reciente Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial.
El dinero llega tarde, pero llega
La Beca Rita Cetina –bautizada así en honor a la maestra yucateca que en 1870 fundó la primera escuela secundaria para mujeres del país– no es un regalo. Es una inyección de liquidez que aparece cada dos meses y que, en abril, llegará escalonada: primero los apellidos que empiezan con A, luego los B, y así hasta que la cola Z se estire hasta fin de mes. El depósito se ve en la aplicación del banco; no hay SMS, no hay aviso de prensa, solo el salto de 0 a 1 900 pesos que obliga a los adolescentes a recargar datos en un celular de gama baja.
Julio León, titular de la coordinación, insiste en que el objetivo es «frenar la deserción», pero la cifra habla por sí sola: 1 900 pesos equivalen a 23 días de trabajo en el salario mínimo de una región rural. Con ese dinero se compran dos uniformes, un par de zapatos y –si sobra– el pasaje de camión de ida y vuelta durante un mes. Lo que nadie cuenta es que el programa no contempla el gasto oculto: la cuota «voluntaria» que cobran algunas escuelas por mantenimiento de aulas o fotocopias del libro de texto que nunca llega a tiempo.

La lista de espera empieza en la primera reprobación
La beca solo alcanza a quienes están «regulares»: si un alumno reprueba dos materias, queda fuera. La lógica es brutal: el incentivo se retira justo cuando más se necesita. Por eso, en las escuelas públicas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, los maestros hacen «ajuste de calificaciones» antes de cerrar el bimestre. No es corrupción; es supervivencia. El 40 % de los beneficiarios son hijos de madres solteras que, sin el depósito, mandan a los chicos a vender gum en el crucero.
El calendario oficial se publicará en redes sociales –@BecasParaElBienestar– y en el perfil de León, quien ya anticipó que los pagos se retrasarán «unos días» por la Semana Santa. La ironía: mientras otros adolescentes viajan a la playa, los de la Rita Cetina actualizan la app cada cinco minutos para ver si ya «cayó» el dinero que les permitirá seguir sentados en un aula sin ventiladores.
En abril, México volverá a demostrar que sabe cómo retener a sus jóvenes: 1 900 pesos, una app y la promesa de que, si no reprueban, quizá lleguen a la universidad. La historia de Rita Cetina, la maestra que en el siglo XIX enseñaba latín a mujeres en Mérida, se reduce hoy a un código de barras que escanean en una tienda de abarrotes para comprar una mochila china. El legado educativo del país se mide en pesos y en días de espera. La próxima vez que alguien pregunte por qué importa la beca, la respuesta está en la fila del Banco del Bienestar: 50 adolescentes que no dejan de actualizar la pantalla, porque saben que si el dinero no llega, el siguiente destino es la zona de tolerancia o la migración.