La cirugía que mató a sandra romina: la condena que expone la trama de negligencias

Sandra Romina Candia Flores entró a la clínica con 32 años y tres hijos; salió 31 días después en una bolsa negra. La Casación acaba de dejarlo por escrito: su muerte fue un homicidio culposo y el cirujano Armando Donati va camino al penal.

La promesa que se convirtió en sentencia

Belgrano, 14 de noviembre de 2017. Dermolipectomía más liposucción. Una mañana cualquiera para la industria de la estética, una sentencia para Sandra. El shock hipovolémico la golpeó antes de que el anestesiólogo se sacara el guante. La clínica Matienzo no tenía habilitación de internación ni terapia intensiva, pero Donati la mantuvo allí 17 horas. El tiempo justo para que el daño fuera irreversible.

Los jueces de la Sala II no se anduvieron con eufemismos: la muerte es «objetivamente imputable» al cirujano. Con esa frónica lapidaria sepultaron la absolución que en febrero de 2025 había liberado a Donati y al anestesiólogo Víctor Favazza. Ahora solo el primero enfrenta la condena; para el segundo, la causa sigue en veremos.

Cadena de omisiones que nadie interrumpió

Cadena de omisiones que nadie interrumpió

La fiscalía habló de «múltiples y muy groseras» negligencias. Traducción: no hubo traslado, no hubo monitoreo, no hubo escrúpulos. El Sanatorio Güemes recibió a Sandra cuando ya era un cadáver en espera. Los médicos de allí intentaron lo imposible, pero la Casación descartó que su esfuerzo rompiera la cadena causal. El daño nació en la mesa de operaciones y se agravó en la sala sin salida.

El fiscal Nicolás Amelotti pidió cinco años de prisión y diez sin bisturí. Para él, Donati actuó con «inoperancia supina» y «desidia que rebela». Es decir: una mezcla de incapacidad y desinterés que le costó la vida a una mujer que solo quería recuperar la cintura perdida tras tres embarazos.

Precedente que estremece al sector

Precedente que estremece al sector

La sentencia no es solo un castigo; es un aviso a navegantes del scalpél. En la Argentina, la medicina estética mueve millones pero se regula con líneas borrosas. Ahora cualquier clínica que opere sin habilitación sabe que puede terminar en un juzgado penal. Y cualquier paciente sabe que el precio de la vanidad puede ser la tumba.

La familia de Sandra no celebra; solo quiere que la historia no se repita. Mientras tanto, Donati espera la audiencia de pena y su sitio web sigue ofreciendo «armonía corporal». La ironía es tan cruel como la muerte de Romina: la misma mano que prometió belleza ahora firma la condena que lo alejará de los quirófanos por una década.