La cop15 blinda al guepardo y a la hiena: 40 nuevas especies escapan del abismo

Campo Grande despierta con una lista de supervivientes. Mientras el planeta sigue perdiendo biodiversidad a un ritmo de 200 especies al día, la conferencia de la ONU sobre especies migratorias ha logrado que 40 animales —entre ellos el guepardo, la hiena rayada y el tiburón martillo— pasen a formar parte de un escudo jurídico que prohíbe su caza y obliga a cooperar para su conservación.

La negociación, que Brasil celebró con tono casi festivo, dejó 16 planes de acción y 39 resoluciones que van más allá de los típicos brindis verdes. Por primera vez, los 133 países signatantes aceptaron diseñar una hoja de ruta para que las naciones del Sur puedan cumplir lo firmado: dinero concreto, no promesas. La queja recurrente de delegaciones africanas y latinoamericanas —“nos piden salvar especies sin financiarnos”— encontró esta vez respuesta escrita.

El 24 % ya está al borde del filo

La cifra habla por sí sola: una de cada cuatro especies incluidas en el tratado vive bajo amenaza. Dos años atrás era el 22 %. El alza parece mínima, pero traducida a número de animales implica millones de individuos que desaparecen de los cielos, los ríos y las sabanas. El informe presentado en Campo Grande revela también que el 49 % de las poblaciones migratorias registra declives, cinco puntos más que en 2022. La hiena rayada, por ejemplo, ha perdido el 50 % de su territorio en tres décadas; el guepardo, el 90 % de su distribución histórica.

Los 24 tipos de petreles añadidos a los apéndices I y II muestran otro frente silencioso: el océano. Las aves marinas viazan miles de kilómetros entre hemisferios y mueren en redes de arrastre que ningún tratado había logrado frenar. Ahora, obligar a retirar esas redes de las rutas migratorias pasa a ser un mandato legal, no una sugerencia.

El pez ángel que se resistió

El pez ángel que se resistió

No todo fue victoria. El angelote espinoso, una especie endémica del Atlántico Sudoccidental que Brasil, Argentina y Uruguay comparten, quedó fuera de la lista final. La presión de la flota pesquera logró bloquear su inclusión, pero los tres países quedaron atados a un plan de acción que deberá reevaluar su estado en 2027. Es la primera vez que una especie “rechazada” igualmente sale con compromisos firmes. La táctica —aceptar el plan sin la lista— permite a los gobiernos salvar la cara ante la industria sin romper el tratado.

La próxima cita será en Bonn, dentro de tres años. Allí nació la convención en 1979, cuando la preocupación eran los cazadores furtivos. Hoy el enemigo es la invisibilidad: molinos de viento que estrujan rutas aéreas, carreteras que cercenan corredores terrestres, puertos que contaminan los desoves. La secretaria ejecutiva Amy Fraenkel, que deja el cargo en mayo, lo resumió sin adornos: “Tenemos las normas; ahora necesitamos inspectores, no charlas”.

La COP15 acabó con aplausos y samba. Queda por ver si los 2.000 delegados que se abrazaron en Campo Grande regresan a sus capitales con presupuestos reales para vencer la tentación de vender un trozo de sabana o un tramo de costa al mejor postor. La hiena y el guepardo no votan, pero corren el mismo riesgo que nosotros: quedarse sin casa. La diferencia es que ellos ya no pueden esperar otro aplazamiento.