La corte blinda la selección de jueces: menos amiguismo y 200 vacantes en la mira

La Corte Suprema sacó la tijera y cortó de cuajo el sistema de concursos que, durante décadas, premió la rosca sobre el mérito. Rosenkrantz y Lorenzetti desfilaron este martes ante jueces, políticos y académicos con un reglamento que promete llenar 200 juzgados vacíos sin que el dedo político decida quién se sienta en el estrado. La jugada llega cuando el Consejo de la Magistratura respira bajo fuego por la parálisis de designaciones y la pérdida de 40% de la capacidad judicial federal en solo cinco años.

El examen que no admite improvisados

El examen que no admite improvisados

El mecanismo es tan simple como demoledor: 120 preguntas sacadas al azar de un banco de 2.000, corrección automática sin sello humano y una entrevista pública que pesa solo 20 puntos sobre 100. El anonimato digital protege al candidato; la trazabilidad blinda al sistema. Quien quiera llegar a un tribunal federal deberá cargar ante el CIJ un legajo digital que serán mirado por rivales y auditores por igual. La discrecionalidad, esa vieja compañera de los consejeros, quedó reducida a una firma final sobre una terna ya numerada.

El presidente Rosatti no escondió el mensaje: «No hay tiempo para esperar a que alguien renuncie para abrir un concurso». La clave está en los concursos «anticipados»: mientras un juez redacta su última sentencia, su sucesor ya está estudiando las carpetas. El ahorro de tiempo, según cálculos reservados del tribunal, reduce de 24 a 8 meses el trámite medio y evita el efecto dominó que colapsa salas enteras.

Las entidades que durante años denunciaron «concursetas» rígieron el cambio. El Colegio de Abogados porteño celebró el «fin de la lógica de despacho» y FORES advirtió: «Si el Consejo se niega a aplicarlo, la Corte tiene la facultad de declarar la inconstitucionalidad del reglamento actual». Es decir: el aviso es explícito; la próxima batalla podría librarse en la misma Corte.

La reforma no toca, de momento, la composición política del Consejo, pero desnuda su rutina: si antes bastaba con un acuerdo entre dos bloques para colocar un aliado, ahora deberán justificar por qué el tercero de la lista merece el cargo más que el primero. El mérito cuantificado se vuelve un argumento judicializable y, por tanto, una losa para la discrecionalidad.

El reloj corre: con 87 juzgados nacionales y 113 federales vacíos, la Justicia argentina pierde 1.500 juicios por día de demora. El reglamento publicado este martes entra en vigor en 30 días. La próxima vez que alguien pregunte por qué un expediente duerme años en un juzgado, la respuesta ya no será «falta de juez», sino «falta de voluntad política».