La corte rediseña el concurso de jueces y apunta al corazón de la discrecionalidad
La Corte Suprema le declaró la guerra al amiguismo. En un gesto inédito, los ministros Rosenkrantz y Lorenzetti firmaron la Acordada 4/2026 que reescribe de raíz el reglamento de concursos y lo envió al Consejo de la Magistratura: 200 vacantes en la justicia federal aguardan nuevo sello.
El algoritmo que esconde el sobre cerrado
El cambio clave es la oposición anónima por corrección automática: 120 preguntas sorteadas de un banco de 2.000 ejercen de filtro y la inteligencia artificial borra el nombre del postulante antes de calificar. La entrevista, históricamente espacio de lobby y recomendaciones, pasa a valer solo 20 puntos sobre 100. Así se reduce el margen de maniobra que convirtió el concurso en rifa de influencias.
La jugada incluye dos tipos de certamen: el anticipado —regla general— cubre hasta ocho cargos sin destino fijo, y el especial —excepción— un máximo de nueve. El truco está en desvincular plaza de nombre: el abogado rinde sin saber si terminará en Comodoro Py o en un juzgado de primera instancia de La Pampa. Se busca romper la lógica de los «concursete a medida» que se montan cuando alguien ya tiene el sillón reservado.
El mensaje de la Corte es duro: «La evaluación de antecedentes premia el mero tránsito burocrático por sobre la excelencia». Traducción: años de escribir dictámenes sin brillo suman más que una tesis en Harvard. El nuevo reglamento obliga a ponderar publicaciones, doctorados y sentencias emblemáticas; deja fuera los aplausos de colegas y los currículos inflados con cargos en comisiones que nunca se reunieron.

Fores y el colegio firman la paz con palo
El respaldo de FORES y del Colegio de Abogados de la Ciudad no es un abrazo, es un contrato. Ambos celebran la transparencia pero ya avisan próximos capítulos: exigen que se evalúe «razonamiento jurídico aplicado, ética judicial y lenguaje claro». Es decir, saber de leyes no basta; habrá que demostrar que se puede explicar una medida cautelar sin dormir al lector.
Mientras tanto, en el Ministerio de Justicia cuentan los días. Juan Bautista Mahiques necesita llenar los 200 puestos vacantes antes de que se le venza el plazo político. La Corte le entregó la herramienta; ahora el Consejo de la Magistratura debe serrucharle el mango a la discrecionalidad. La primera prueba llegará con la aprobación del reglamento: si alguien intenta introduir «observaciones» de última hora, el expediente explotará en la mesa de entrados.
El mensaje es claro: el club de los amigos del poder judicial acaba de perder su llave maestra. Ahora la puerta se abre con teclado y no con apretón de manos. Y, por primera vez, el que entra puede no ser el de siempre.