La e-bike que casi mata a janet se vende sin carnet ni seguro: ee.uu. se debate entre la moda verde y el dolor
Janet Stotko salía a caminar cerca de su casa en Hastings, Minnesota, cuando un adolescente de 14 años la embistió a 40 km/h. El golpe fue tan brutal que los médicos le desconectaron el respirador dos días después sin creer que despertara. Hoy, con el cráneo recompuesto y la vida marcada a fuego, Stotko lidera la cruzada que sacude ayuntamientos y capitales estadounidenses: ¿cuánta velocidad puede tolerar una vereda antes de convertirse en pista de MotoGP?
La física no negocia: 45 km/h equivalen a caer del tercer piso
John Maa, cirujano en MarinHealth, traduce la contundencia en números crudos: la energía cinética crece con el cuadrado de la velocidad. A 25 km/h el impacto duele; a 45 km/h empieza a matar. Y el mercado estadounidense ya ofrece «e-bikes» capaces de superar los 60 km/h sin pedaleo, unos híbridos que ni la ley sabe si llamar bicicletas o motos. El vacío legal es tal que en la mayoría de estados basta con tener 12 años y 800 dólares para pilotar un proyectil de 30 kilos sin licencia, sin seguro y, en muchos casos, sin casco.
Los hospitales cuentan el resultado. En San Diego, las lesiones de menores en e-bikes se triplicaron en cuatro años. La Universidad de California en San Francisco detecta que el número de heridos graves se duplica cada doce meses desde 2017. El Centro para el Control de Enfermedades confirma la misma espiral en Atlanta, Austin y Denver. La movilidad verde, tan celebrada durante la pandemia, empieza a oler a alcohol desinfectante y yeso.

Estados rebeldes: licencia en connecticut, radar en florida
Mientras Washington sigue sin actualizar la normativa federal de 2002, los estados improvisan. Connecticut exige casco para todos y carnet para modelos de más de 750 vatios. Nueva York fija tope de 24 km/h en ciudad; Florida obliga a reducir a 16 km/h cuando un peatón cruza a quince metros. California debate multas de 500 dólares por circular sin casco en vías rápidas. La Babel normativa genera una geografía absurda: lo que es legal en Denver puede ser delito en Boulder, a diez minutos en e-bike.
El fabricante grita «innovación», el municipio responde «ordenanza». La senadora Christine Cohen resume el bloqueo: «Recibimos presión de usuarios, de marcas y de policías que no saben si multar por exceso de velocidad o por desobediencia ciclista». El resultado es un rompecabezas que el comprador descubre cuando ya yace en la UVI.

El precio de la libertad sobre dos ruedas
Janet Stotko se presentó al ayuntamiento de Hastings con fotos de su rostro destrozado. El consejo bajó el límite a 24 km/h y prohibió las aceras, pero el daño está hecho: ella paga rehabilitación, el adolescente recibió una multa de 50 dólares y la e-bike sigue a la venta sin restricciones. La ironía duele tanto como la mandíbula: el mismo modelo que casi la mata puede comprarlo hoy un niño de 12 años en la tienda de la esquina.
La solución, dicen los cirujanos, pasa por casco tipo moto, seguro obligatorio y carnet homologado. La realidad, responden las cifras, es que 2024 cerrará con más de 50 000 visitas a urgencias por e-bikes, un récord que duplica el de 2020. La moda verde ya no discute emisiones; discute cadáveres. Y mientras tanto, en algún barrio de Minneapolis, otro adolescente acelera a 45 km/h por la vereda, convencido de que conduce «solo una bicicleta».
