La ema retira la cepa b/yamagata de la vacuna de la gripe: fin de una era que nadie notó
El virus B/Yamagata lleva seis años desaparecido de la faz terrestre, pero solo ahora la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha firmado su acta de defunción. El Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) ha publicado este jueves la receta oficial para la vacuna de la gripe 2026-2027: tres cepas, ninguna de ellas la antigua protagonista estival de miles de resfriados. El cambio, técnicamente menor, es el epitafio silencioso de una pandemia que ya nadie recuerda.
Un virus que se fue de vacaciones y no regresó
La última vez que alguien detectó B/Yamagata en circulación fue marzo de 2020. Después, confinamientos, mascarillas y distancia social hicieron el resto. Los laboratorios lo buscaron en miles de muestras: cero positivos. La OMS mantuvo la cepa en el cocktail por pura cautela; la EMA ha dicho basta. El resultado es una vacua trivalente que, por primera vez desde 2012, no necesitará engordar con cuatro virus. Ahorro de materia prima, menos fábricas de huevos, menos líneas de producción. La industria respira, aunque nadie lo celebre en bolsa.
Para los fabricantes que aún tengan stock de tetravalentes —léase países que compran por contrato plurianual— la agencia abre una excepción: pueden seguir usando la vieja cepa B/Phuket/3073/2013, congelada desde hace doce años, como si fuera un fósil conservado en éter. Es la versión farmacéutica del “por si las moscas”.

Missouri, darwin y tokio: el nuevo trío de las próximas campañas
La nueva fórmula discrimina también por tecnología. Los que cultivan en huevo deberán sembrar virus similares a A/Missouri/11/2025 (H1N1), A/Darwin/1454/2025 (H3N2) y B/Tokyo/EIS13-175/2025. Los que usan células mamarias cambian una sola letra: el H3N2 será A/Darwin/1415/2025, una variante tan próxima que solo los secuenciadores de última generación notan la diferencia. Es la geopolítica de la gripe: cepas bautizadas con nombres de aeropuertos que apenas aparecen en los tickets de los viajeros.
El plazo para presentar los cambios vence el 15 de junio. A partir de ahí, los laboratorios tendrán once meses para llenar ampollas que llegarán a farmacias en agosto de 2026. La cadena se mueve con la precisión de un reloj suizo que nadie ve funcionar: gallinas en abril, virus en mayo, formulación en julio, distribución en septiembre. Todo para un virus que, paradójicamente, cambiará antes que la propia vacuna.
La gripe seguirá mutando, la EMA seguirá reunándose cada febrero en Ámsterdam y los cronistas seguiremos escribiendo sobre cepas que suenan a códigos postales. La única certeza es que, dentro de dos años, volveremos a cambiar los nombres y a olvidar los anteriores. B/Yamagata ya forma parte de ese museo invisible de virus extintos que solo los ficheros Excel recuerdan.
