La finul sangra en líbano: tres cascos azules muertos en 48 horas y un consejo de seguridad que se apresura a reunirse

Tres militares indonesios han muerto en el sur de Líbano en menos de 48 horas. El último ataque, este lunes contra su vehículo cerca de Bani Hayan, ha matado a dos de ellos y ha dejado a otros dos heridos, uno grave. El domingo, otro proyectil acabó con la vida del sargento Fahrizal Rambe en Taibe. La Fuerza Interina de Naciones Unidas (FINUL) no logra identificar el origen de los disparos, pero sí tiene claro que la violencia que azota el sur del país ha alcanzado a sus propias filas.

El terreno se convierte en trampa para los observadores

El distrito de Marjayún, donde han tenido lugar los ataques, es un corredor de tensiones: Hezbolá controla el terreno, Israel bombardea desde el aire y ambos bandos disputan la línea azul que separa sus posiciones. En este tablero, los cascos azules se han convertido en blancos colaterales. El sábado, un convoy francés fue objeto de seis disparos de advertencia por parte de soldados israelíes en Naqura; otro proyectil de un Merkava estalló a quince metros de un vehículo de la misión. Daños menores, pero mensaje claro: ni la ONU se mueve con libertad.

El portavoz de la organización admite la cruda realidad: algunos heridos no han podido ser evacuados por falta de garantías de seguridad. La coordinación con Ejército libanés y con el comando israelí se hace imprescindible, pero también frágil. Mientras los equipos médicos esperan luz verde, los heridos siguen sangrando.

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Francia ha pedido la reunión urgente del Consejo de Seguridad. Jean-Noël Barrot, ministro de Exteriores galo, califica los incidentes de «inaceptables e injustificables» y reclama el cumplimiento de la Resolución 1701, la que blinda a la FINUL. El subsecretario general para Operaciones de Paz, Jean-Pierre Lacroix, va más allá: «Los cascos azules jamás deben ser un objetivo». Lo repite mientras sube la cifra de ataques contra la misión: más de 40 impactos directos desde octubre, según el último recuento interno.

En el sur de Líbano hay despliegados 8.000 soldados de la FINUL; 650 son españoles. Su tarea oficial es vigilar el cese de hostilidades y asesorar al Ejército libanés. La tarea real: sobrevivir entre fuego cruzado, artillería pesada y aviones de combate que ignoran la altitud de crucero de los helicópteros de la ONU.

Israel ha advertido que avanzará hasta el río Litani para crear una zona de seguridad. Hezbolá ha prometido resistir. Entre ambos, la FINUL se queda sin espacio y sin tiempo. La investigación abierta por la misión busca responsables, pero en la zona todos saben que los proyectiles no lleven remitente. La única certeza es que la paz, si alguna vez existió al sur del Litani, se desangra ahora a metros de la frontera.