La fiscalía cierra el caso a los médicos que autorizaron la eutanasia de noelia y liquida la cruzada de abogados cristianos

La justicia ha devuelto la calma a dos profesionales que, durante meses, durmieron con el alma en un viento. La Fiscalía de Barcelona ha pedido el archivo de la querella que la fundación ultracatólica Abogados Cristianos interpuso contra los miembros del comité que autorizó la eutanasia de Noelia, la parapléjica de 25 años que logró una muerte digna el pasado jueves tras 18 meses de batalla legal. El ministerio público no ve delito en la supuesta «simulación» de un desacuerdo para elevar el expediente al pleno de la Comisión de Garantía y Evaluación.

La trampa que nunca existió

La acusación predicaba que el médico y el jurista «fingieron» discrepar en sus informes de abril y julio de 2024. Según Abogados Cristianos, ese desacuerdo era un artificio para «falsear» el procedimiento y colar la eutanasia por la puerta de atrás. Pero la Fiscalía ha desmontado el relato: los funcionarios no falsearon nada; expusieron sus dudas reales y, al hacerlo, cumplieron con la ley que exige que cualquier conflicto técnico se eleve al pleno. La jueza de instrucción 20, que ya había recibido el dictamen, ha aceptado el archivo. Fin de la pesadilla.

La fundación, sin embargo, no se rinde. Intentó en noviembre paralizar la eutanasia con medidas cautelares ante el Supremo, el Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ninguno le hizo caso. El TSJC ya había ratificado la legalidad del procedimiento catalán. La última carta, la querella por prevaricación, se desmorona ahora mismo en el juzgado de guardia.

El precio de una cruzada

El precio de una cruzada

Mientras Abogados Cristianos suma fracasos, la factura humana crece. Noelia llevó meses con una sonda mal colocada, dolores neuropáticos que no cedían y una familia partida en dos: su padre, representado por la misma fundación, llegó al extremo de pedir que se la declarara «incapacitada» para evitar la eutanasia. La joven, al final, logró decidir sobre su cuerpo. Pero los dos técnicos que la escucharon —y que la ley obliga a guardar secreto— han pagado otro precio: ser señalados como cómplices de un supuesto crimen.

La Fiscalía les devuelve la vida. La fundación, en cambio, ya prepara la siguiente ofensiva: un recurso de amparo ante el Constitucional que nadie da por viable. La partida, cuentan en los pasillos de la administración catalana, está perdida. La última palabra, como siempre, la tuvo Noelia: «Quiero dejar de sufrir». Lo consiguió el jueves, a las 11.42 h, con su hermana y su pareja al lado. La justicia ha tardado cinco días en confirmar que nadie debe pedir perdón por cumplir su voluntad.