La flota española se plantea amarrar: el gasóleo encarece la pesca hasta límites insostenibles
El mar ya no rinde. El aceite combustible se ha vuelto más caro que la mercancía que sube a bordo y los armadores avisan: si no baja el gasóleo, la flota amarra. Mediterráneo y golfo de Cádiz ya barajan dejar los barcos en el puente, mientras en el Cantábrico cada patrón calcula cada mañana si le compensa salir a mar abierto.
Cepesca y cofradías dibujan un punto de quiebre
Javier Garat, secretario general de Cepesca, lo resume con contabilidad de urgencias: «La rentabilidad está en el límite». Su organización representa a los grandes armadores y, aunque descarta un paro general, admite que las asociaciones del Mediterráneo y el golfo de Cádiz llevan «semanas» hablando de amarre colectivo.
La Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP), que agrupa a los barcos más pequeños, aún no contempla un cese conjunto, pero Basilio Otero, su presidente, confiesa que «cada patrón se lo piensa mucho» antes de soltar amarras. La caballa —verdel o xarda— brilla por su ausencia en el Cantábrico y el gasto de gasóleo devora lo que se vende.

La ayuda llegará demasiado tarde
El Gobierno anunció un paquete de choque que, según los armadores, se materializará en septiembre. «Nos dan oxígeno cuando ya estemos ahogados», se queja Garat. Otero va más allá: reclama un descuento «en el surtidor» que baje el precio del carburante en el momento de llenar los tanques.
Bruselas ha activado el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMPA), pero la tramitación puede demorar los fondos hasta otoño. «Imprescindible y urgente», repite Garat, mientras los puertos se llenan de rumores de paradas parciales.
La historia se repite: la flota pide jugar con reglas distintas a las del transporte por carretera, donde el descuento es inmediato. Aquí el mar no entiende de calendarios administrativos. Si el gasóleo no baja esta primavera, los caladeros quedarán en silencio y los muelles, llenos de barcos que no zarparán.
