La grieta sanitaria se agranda: uno de cada doce hogares ya no puede pagar la consulta

Madrid respira aire de crisis silenciosa. Mientras la city toma café de cinco euros, 848 de cada 10.000 familias han tenido que elegir entre la cena del mes o la visita al especialista. El Instituto Nacional de Estadística acaba de certificar lo que los bolsillos ya gritaban: la asistencia médica se ha vuelto lujo.

La cifra habla por sí sola: el 8,4 % de los hogares españoles declaró que los gastos de médico de familia o especialista supusieron una carga pesada en 2025, dos puntos por encima del 7 % de 2022. El salto es más brutal en los estratos bajos, donde el esfuerzo se dispara al 8,8 %. Traducción: la sanidad pública no llega y la privada castiga.

La brecha que no se arregla con talonario

La Encuesta de Condiciones de Vida desvela un detalle incómodo: la renta ya no solo decide si comes fuera, decide si respiras bien. Hogares con ingresos altos acuden al médico de familia solo tres puntos más (81,2 % vs 79,3 %), pero la distancia se vuelve abismo cuando se trata de especialistas: el 68,1 % de los ricos pasa por la consulta, frente al 50,4 % de los pobres. El dentista ni se discute: 67,4 % vs 42,3 %.

Lo que no se ve en los porcentajes es la cola. La cola de quienes aplazan la resonancia, la de quienes extraen un molar con pinzas de cocina, la de quienes autorecetan antibióticos de ganado. La investigación de campo lo confirma: en los barrios de renta baja de Vallecas o Orcasitas el turno para dermatólogo se ha convertido en prenda de trueque. «Te cedo mi cita si me ayudas con la compra del mes», cuenta una vecina que prefiere el anonimato.

El botiquín también entra en la lista de lujo

El botiquín también entra en la lista de lujo

Si la asistencia duele, los medicamentos sangran. El 8,5 % de los hogares con menos ingresos declara que pagar la receta les resulta gravoso, frente al 4,2 % de los de arriba. El dato global baja una décima, cierto, pero esa media esconde la herida: los de abajo siguen llevándose la peor parte. El dentista, esa asignatura pendiente, se cobra la factura más injusta: el 20,2 % de los hogares pobres la considera insoportable; los ricos, menos de la mitad (13,3 %).

El informe también desvela que la obesidad castiga más a los que menos tienen (17,3 % vs 10,8 %) y que la fruta fresca se convierte en artículo de mercado negro: solo el 57,4 % de los de menores ingresos la consume a diario, once puntos por debajo de los que más ganan. La verdura baja otro escalón: 46 % vs 51,5 %.

¿Más visitas? sí, pero a la bartola

Curiosamente, las consultas suben en todos los estratos. El 81,3 % de los mayores de 16 años pasó por su médico de familia en 2025, 3,7 puntos más que en 2022. El especialista repuntó 2,9 y el dentista 3,1. La explicación es sencilla: la gente se siente más pobre, pero también más enferma. El estrés de la factura de la luz, la comida y el alquiler se materializa en dermatitis, lumbalgias, ansiedad. Y así se cierra el círculo: más malestar, más consulta, más gasto, menos renta.

El tabaco, último refugio barato, también baja (del 17,1 % al 15 %), pero lo hace más entre los ricos. El alcohol diario retrocede del 7,5 % al 5,6 %, aunque los de arriba siguen bebiendo más que los de abajo. El mensaje es brutal: la precariedad también es mala para la abstinencia.

Madrid despacha cifras, pero en la calle Goya, en la consulta de la doctora Castillo, la realidad se mide en silencios. «A veces la paciente se levanta antes de tiempo, avergonzada porque no puede pagar la analítica. Yo firmo el justificante y pongo “no conforme”: no conforme con un sistema que obliga a elegir entre la salud y la vida», concluye la médica mientras aprieta el bolígrafo. La próxima vez que alguien diga que la sanidad española es universal, que mire la cola. Y la cartera.