La guerra de los chapitos contra los influencers: ocho creadores ejecutados en sinaloa
Carmiña Miroslava Castro Salazar desapareció el domingo en Culiacán. Era repostera, tenía 29 años y compartía tartas de fondant en Instagram. Ahora forma parte de una lista que nadie quiso: la de influencers asesinados o secuestrados por el Cártel de Sinaloa desde que estalló la guerra entre Los Chapitos y Los Mayos.
La cuenta regresiva comenzó en septiembre de 2024
Desde entonces, la violencia se volvió un algoritmo de muerte. El secuestro del Mayo Zambada en Estados Unidos rompió la tregua y los hijos del Chapo Guzmán decidieron limpiar territorio. Pero no solo se trafica fentanilo: se trafica atención. Por eso los sicarios ahora revisan TikTok antes que los narcobloqueos.
La cronología es implacable. El 19 de octubre, Juan Carlos “El Chilango” vendía golosinas en una carriola cuando lo ejecutaron en Isla Musala. Apareció en un volante lanzado por avioneta: “financiero de Los Chapitos”. El 23 de noviembre encontraron a Miguel Vivanco “El Jasper” en un camino de terracería. El 9 de diciembre mataron a Leovardo Aispuro “Gordo Peruci” frente a su esposa. El 10 de enero, Agustín Paúl “El Pinky” confesaba bajo tortura que pasaba datos a la facción contraria. Apareció ejecutado horas después.

Las confesiones forzadas se volvieron contenido viral
Nicole Pardo “La Nicholette” fue secuestrada frente a sus cámaras de seguridad. Tres días después apareció con vida, pero un video la mostró declarando que trabajaba para “Mayito Flaco”. Gael Castro “Gail Castro” fue asesinado en Ensenada mientras cenaba. Su hermano Markitos Toys, otro influencer, había aparecido en narcovolantes. Camilo Ochoa, exmiembro del cártel convertido en youtuber, denunció la ola antes de ser ejecutado en Temixco. Su último contenido: una amenaza directa contra su vida.
La cifra habla por sí sola: ocho creadores de contenido en menos de un año. La guerra del cártel ya no se libra solo en los cerros de Sinaloa. Se libra en los feeds de Instagram, en los directos de TikTok, en los stories donde se presume la vida que el narco financia. Cada like es una firma. Cada share, una delación.
Los 3.000 homicidios registrados desde septiembre pasado incluyen ahora a influencers. No son daño colateral: son objetivo estratégico. En Culiacán, crear contenido se volvió un acto de riesgo. El algoritmo de la violencia ya no distingue entre un sicario y un streamer. Ambos venden una imagen. Ambos saben demasiado. Ambos pueden desaparecer antes del siguiente post.