La iglesia abre la caja de compensaciones a víctimas prescritas y ya hay recelo por la 'varita mágica' del dinero

La música ha empezado a sonar. El 15 de abril el Gobierno y la Conferencia Episcopal pondrán en marcha un protocolo para indemnizar a quienes sufrieron abusos sexuales en la Iglesia católica cuando ya no cabía ni un recurso judicial. La asociación navarra AVIPIREN aplaude la partitura, pero teme que cada víctima cobre lo que toque el arpa.

El baremo que no existe y la sospecha que crece

El baremo que no existe y la sospecha que crece

Mikel Eziolaza, portavoz de la agrupación, resume el guión en una frase: «La música suena bien, pero queremos la misma vara para todos». Lo dice con la voz queda de quien ha visto cómo, bajo el anterior sistema PRIVA, dos casos idénticos recibieron cantidades que oscilaban entre los 20.000 y los 120.000 euros. «Era un bingo sin números claros», asegura. El nuevo protocolo promete un órgano mixto —Estado, Iglesia y Defensor del Pueblo—, pero todavía no ha desvelado cómo cuantificará el daño. «Y ahí está el riesgo: sin tabla, la valoración vuelve a ser una apuesta», advierte.

El acuerdo llega cuando muchas víctimas ya han agotado la paciencia. «Gente que se había quedado desangelada ve ahora una puerta», reconoce Eziolaza. Pero también ve la sombra de la arbitrariedad. Por eso AVIPIREN reclama que se publiquen los criterios antes de que se abra el plazo. «No queremos tener que volver a empuñar la bandera de la desconfianza dentro de seis meses», sentencia.

La Conferencia Episcopal, por su parte, insiste en que la comisión será «independiente». La cifra habla por sí sola: el fondo inicial será público, pero la Iglesia aportará el grueso del dinero. ¿Contrato de silencio? El protocolo no lo menciona. «Y eso también hay que mirarlo con lupa», susurra una víctima que prefiere no dar su nombre. «El que paga, después marca el tempo».

Mientras, en Pamplona, algunos supervivientes ya preparan la documentación. Otros esperan sentados, escuchando la sinfonía. «Que no nos den gato por liebre otra vez», espeta Eziolaza. El 15 de abril se estrena la ópera; la partitura final aún está en blanco. Y en esa partitura, advierte, «cada nota que falte será una herida que no cierra».