La libra egipcia se desploma: 54 por dólar y el 18 % perdido en 30 días
El Cairo amanece con otro récord que nadie quiere celebrar: la libra egipcia perfora los 54 por dólar y el Banco Central apenas puede mirar a los ojos de los cambistas. Son las 54,52 para comprar y 54,66 para vender, según el propio regulador, que ha visto cómo su moneda se desmorona un 18 % en apenas un mes desde que Irán entró en guerra.
De 46 a 54: la caida libre en cifras
Antes de los primeros misiles, el billete verde valía 46 libras. Ahora, 54. La brecha se ensancha y el bolsillo egipcio se reduce. El último suelo histórico se registró el 6 de marzo de 2024, cuando el Banco Central soltó la cuerda y permitió la flotación libre. Entonces tocamos 50. Hoy hemos saltado esa barrera sin despeinarse.
En las calles, el mercado paralelo lleva meses adelantando el desastre: llegó a pagar 70 libras por cada dólar cuando los bancios oficialmente seguían anclados en 45. El mensaje era claro: la confianza se fugaba antes que los capitales.

Racionamientos y subidas: el plan de choque de madlib
El Gobierno ha respondido con un paquete de medidas que suenan a ajuste ortopédico: racionalizar gastos, encarecer la electricidad y el gas, y rezar para que el FMI no tire del tapete. El objetivo, según el gabinete, es blindar la reforma estructural iniciada en 2024 y evitar que el encarecimiento global de la energía le ponga la soga al cuello a una economía que importa hasta el trigo que hornea el pan de cada día.
Egipto, 110 millones de habitantes, importa el 60 % de su trigo y buena parte de sus legumbres. Cada depreciación se traduce en facturas más altas en los mercados de Shubra y Imbaba, donde la gente ya mide el arroz por puñados, no por kilos.
El Fondo Monetario Internacional observa desde Washington. Tiene desembolsado un tramo del préstamo de 3 000 millones, pero exige recortes y privatizaciones que el Parlamento mastica a cuentagotas. Mientras, los inversores árabes y europeos esperan en la orilla: quieren ver tipo de cambio único, inflación domada y, sobre todo, estabilidad política. Con la guerra en Irán y los bombardeos en Gaza a pocos kilómetros, esa promesa suena a ciencia-ficción.
El viernes pasado, el presidente Abdel Fattá al-Sisi reunió al equipo económico en el Palacio de Ittihadiya. Salieron dos horas después sin anuncios. La libra, mientras tanto, seguía cayendo en las pantallas. La lógica de mercado es brutal: cuando el rumor se instala, los datos importan menos que la sensación.
El Banco Central podría subir tipos esta misma semana para defender la divisa, pero encarecería la deuda del Estado, ya al 90 % del PIB. O puede quemar reservas, que apenas alcanzan para cuatro meses de importaciones. Ambas opciones duelen. Y ambas llegan tarde.
Mientras tanto, en El Cairo, los vendedores de moneda callejeron vuelven a sus esquinas con fajos de dólares guardados en calcetines. La libra se desangra y ellos, veteranos de cada crisis, ya saben que la próxima parada será 60. La pregunta no es si, sino cuándo.