La libra egipcia se desploma y arrastra a 110 millones de personas al abismo
El dólar ya vale 53,47 libras egipcias en los mostradores oficiales de El Cairo. La moneda local se ha desplomado un 15 % en un mes y ha pulverizado su récord anterior de marzo de 2024, cuando el Banco Central la soltó de la mano. La causa no es solo la guerra de Irán, sino la dependencia crónica del país: importa hasta el pan y paga la factura energética con billetes que ya nadie quiere.
El efecto dominó empieza en la gasolina
El Gobierno de Mustafa Madbuli subió el 17 % la gasolina y el diésel la semana pasada. El truco contable es brutal: vende dólares caros al ciudadano para que él mismo financie las importaciones que el Estado ya no puede pagar. Mientras tanto, apaga faroles a las nueve de la noche, cierra comercios y convierte el teletrabajo en día obligatorio. El ahorro anunciado: 1.300 millones de dólares mensuales. El coste real: el comercio informal explota y el mercado paralelo ya cotiza el billete verde a 70 libras.
El Fondo Monetario Internacional observa desde Washington. Prestó 3 000 millones en 2024 a cambio de una privatización exprés que ahora se tambalea. El programa exigía desmantelar subsidios, reducir la nómina pública y liberalizar el tipo de cambio. La guerra en Irán ha convertido ese guión en papel mojado. El déficit de cuenta corriente, que parecía controlado, volverá a dispararse este verano cuando lleguen los barcos de trigo y gas licuado facturados a precio de guerra.

La calle paga la crisis con huevos y leche
En el mercado de Ataba, Umm Khalid ha subido el kilo de tomate de 8 a 14 libras en dos semanas. «El transportista cobra en dólares, yo cobro en libras que se desvanecen», resume mientras amontona cebollas. La inflación oficial ronda el 35 %, pero el índice real que miden los pobres —el que excluye iphones y plasma— ya roza el 60 %.
El banco central insiste en que hay reservas para cuatro meses de importaciones. Lo que no aclara es que esas reservas incluyen los depósitos de los emiratos árabes y los fondos saudíes que pueden retirarse overnight. La fuga de capitales se acelera: las familias con ahorros convierten cada mes 500 millones de dólares en oro o en apartamentos en Estambul. La libra se convierte en una moneda de cartón que solo sirve para pagar la factura de la luz antes de que la corten.
Madbuli avisa: «Medidas más duras si la guerra se alarga». La frase suena a epitafio. Cada nueva devaluación reduce el salario real de 30 millones de empleados públicos y empuja a otros cinco millones de jóvenes a la cola para irse a Europa. La historia se repite: cada vez que Egipto ha intentado reformarse ha tropezado con una guerra ajena y ha terminado de rodillas ante el FMI. La diferencia es que ahora el precio del error lo paga la mitad de la población que ya no llega a fin de mes.