La marina intercepta 650 kg de cocaína frente a michoacán: el mar sigue siendo el gran colador del narco
Las 61 millas náuticas que separan a Lázaro Cárdenas del horizonte abierto se convirtieron esta madrugada en el escenario de un golpe seco al circuito de la cocaína. La Secretaría de Marina emboscó una lancha de triple motor que llevaba 650 kilos de polvo blanco y seis hombres dispuestos a cruzar el Pacífico como si fuera un lago particular.
La red se cerró a las 04:12 horas. Una patrulla oceánica, un avión turbohélice y dos interceptoras formaron un triángulo invisible alrededor de la embarcación. Dentro, 14 bultos envueltos en lonas negras; dentro de ellos, 580 ladrillos que a simple vista parecen hormigón, pero que en el mercado valen 150 millones de pesos. La cifra habla por sí sola: cada kilo que no toca tierra es un millón y medio que deja de circular en efectivo.
El método: motores, combustible y la costa lejos de la vista
Los narcos ya no necesitan submarinos de película. Les basta una panga de 9 metros, tres Yamaha 250 HP atornillados en la popa y 350 litros de gasolina en bidones. Con eso recorren 1 100 km sin tocar puerto: salen de Guerrero o Oaxaca, se meten a la deriva durante dos noches y reabastecen en altamar. La clave está en alejarse 100 km de la línea de costa: ahí el radar de la Marina pierde precisión y el celular deja de tener señal.
Pero hay un detalle que nadie cuenta: el operativo fue posible gracias a un dato que llegó desde Comando Norte, el centro de inteligencia estadounidense que monitorea millones de pings satelitales cada día. Un barco que no emitía AIS, que cambiaba de rumbo cada cuatro horas y que, casualmente, apagaba el transpondedor justo cuando pasaba frente al arco volcánico de Michoacán. La máquina detectó la anomalía; los mexicanos armaron la emboscada.

Más de una tonelada al mes: el negocio que no baja
Con este decomiso, la suma de cocaína interceptada por Semar en 2026 ya trepa a 10,3 toneladas. El ritmo es de 1 300 kg cada treinta días, suficiente para llenar una cancha de fútbol con paquetes apilados. Lo que no se sabe es cuánto más cruza sin ser tocado. Los analistas de la FGR calculan que por cada kilo incautado en mar entran entre ocho y diez por tierra: los túneles de Tijuana, las “mula-vacas” que cruzan el desierto de Sonora y los vagones de mango con doble fondo en Veracruz.
Las seis personas arrestadas —cinco hombres y un menor de edad originario de Sinaloa— ya están en los separos de la PGR. Les espera un proceso exprés bajo la figura de posesión con fines de comercio; si no acuerdan, pueden sumar hasta 15 años de prisión. Pero en el puerto de Lázaro Cárdenan los pescadores no dan crédito: “Es la tercera lancha que agarran este mes y la merca sigue llegando”, dice un marino retirado mientras repara redes. “El mar es grande y el hambre, más”.
El sol ya cae sobre la bahía. La patrulla oceánica regresa al muelle con la embarcación remolcada: tres motores fuera de borda, 14 bultos sellados y una historia que se repetirá la próxima semana, solo que con otros nombres y otra latitud. Mientras tanto, en algún punto del Pacífico, una segunda lancha avanza con los motores a tope, el GPS apagado y la certeza de que la neblosa de las 61 millas náuticas puede esconder cualquier cosa, menos la ley.
