La muerte de josé manuel banquells desnuda el dolor que nunca sale en televisión
Las velas aún humeaban cuando Mary Paz Banquells pulsó «publicar». La foto de su hermano José Manuel —Joe para la familia— sonriendo entre flores blancas era, en realidad, el último acto de una batalla que nadie fuera del clan supo que existía. El 28 de marzo, Elk Grove Village (Illinois) le devolvió a la dinastía Banquells un cuerpo que ya no respondería a los apodos de infancia.
La noticia cayó como un corte de luz en pleno foro: nadie esperaba que el hijo menor de Rafael Banquells y Dina de Marco se apagara a los 63 años lejos de los reflectores que alumbraron a sus hermanas Sylvia, Rocío y Mary Paz. Joe eligió el anonimato de los autobuses escolares: desde hace una década conducía unidades amarillas para First Student, repitiendo rutinas que no exigen entrevistas ni alfombra roja. Su Facebook es un diario de horarios y paradas, no de galas.
El silencio que protegió la enfermedad
La familia acordó no nombrar al monstruo. Ni cáncer, ni degenerativo, ni fulminante: solo «la enfermedad» en mensajes privados que luego se hicieron públicos. «Luchó como los grandes», fue lo único que Sylvia Pasquel autorizó a decir. La frase, breve como un guiño, encierra el manual de supervivencia de una casa donde los dramas se cuentan después del corte comercial.
Lo que sí trascendió es que Joe regresó a México en diciembre para despedirse. Estuvo en la casa de su hermana Rocío en Acapulco, luego en el departamento de Sylvia en Polanco. Se fotografiaron con la mascarilla puesta: la imagen que circula entre los fans muestra un hombre delgado, pero con la risa idéntica a la de su padre en los años sesenta. Fue su despedida de escena sin programa de televisión que lo archive.

El duelo que no cabe en la agenda de espectáculos
El medio artístico, acostumbrado a los obituarios con fecha y hora de transmisión, se encontró con un vacío. No hay capítulo de La Casa de los Famosos que lo explique, ni nota de prensa con foto de archivo. Solo tres publicaciones de Instagram que suman más de 90 mil reacciones en 24 horas. El dolor se midió en emojis rotos y comentarios de colegas que nunca compartieron escenario con él: Verónica Castro, Laura Zapata, Carmen Salinas.
Joe deja una ex esposa, dos hijos y una nietecita que apenas alcanzó a pronunciar «abuelo». Deja también la pregunta que nadie se atreve a formular en los foros: ¿cuántos Banquells faltan por morir sin que los reflectores los alcancen? La cuenta regresiva comenzó hace años: falleció Rafael en 1997, Dina en 2018. Sylvia, Rocío y Mary Paz aún dan entrevistas. Pero el clan ya no es el mismo: el hermano «que no salía en televisión» era el pegamento invisible.
El cuerpo será cremado en Chicago y las cenizas volarán a México en un vuelo comercial, sin prensa en la terminal. La familia reservó una capilla privada en la Casa de las Brujas, la misma donde hace cuatro años despidieron a su madre. Allí, entre paredes de piedra volcánica, los Banquells cerrarán el círculo sin cámaras. Joe, que nunca pidió ser noticia, se convertirá en la historia que solo cuentan en voz baja cuando las luces del foro se apagan.
