La nasa desata la cuenta atrás que devuelve a la luna a la humanidad
El reloj ya corre. A las 21:44 GMT de este lunes, la NASA ha pulsado el botón que lleva grabado el nombre de Artemis II: 48 horas para que cuatro astronautas rompan el cerco de 52 años que separa a la humanidad de la órbita lunar. El contador, ubicado en el Centro Espacial Kennedy, marca ahora el tiempo que falta para que el gigante SLS escupa fuego y arrastre al cápsula Orion hasta la cara oculta del deseo.
La florida respira óxido y nostalgia
Miami huele hoy a combustible y salitre. En la playa de Coco Beach, las familias de los tripulantes se agarran a la arena como quien se aferra al último suspiro de la Tierra. Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y el canadiense Jeremy Hansen abandonaron el viernes la cuarentena que les aisló del planeta y del miedo. Ahora solo les separan 384.400 kilómetros de vacío y la promesa de convertirse en los primeros humanos que mirarán la Luna desde cerca desde que Eugene Cernan pisara el polvo de Taurus-Littrow en diciembre de 1972.
La NASA dice que el 80 % del cielo estará limpio el miércoles a las 18:24 hora local. El 20 % restante es un puñado de vientos cruzados y nubes que pueden convertir la hazaña en un simple ejercicio de paciencia. Charlie Blackwell-Thompson, la mujer que ha dirigido cada tornillo de este monstruo de 98 metros, afirma que «todas las señales indican que estamos en forma excelente». La frase suena a mantra en un programa que ha devorado 23.000 millones de dólares y parte del alma política de cuatro presidentes.

El cohete que decide elecciones
Detrás del humo blanco que saldrá —o no— de la plataforma 39B hay un subtexto que pocos mencionan: Artemis II es la prueba de fuego de una superpotencia que ya no puede permitirse el lujo de perder la carrera espacial contra sí misma. China apunta a la Luna en 2030. India acaba de posar en el polo sur. El SLS, heredero del ya mitológico Saturn V, necesita este éxito como el aire que respira la Administración Biden en un año electoral.
La cápsula Orion orbitará la Luna durante diez días sin tocar su superficie. No hay alunizaje previsto; es un ensayo de supervivencia. Los cuatro astronautas probarán sus sistemas de vida, sus escudos térmicos y sus nervios. Si todo funciona, Artemis III llevará una mujer y un hombre al suelo lunar en 2026. Si algo falla, el sueño se aplaza y el dinero se evapora en el vacío.
La última frontera empieza en la nostalgia
En el muelle 66 de Kennedy, un viejo técnico de la época apolo ajusta sus gafas y murmura: «Volvimos en el 72 porque éramos jóvenes y queríamos ganar. Ahora volvemos porque somos viejos y necesitamos recordar que fuimos capaces». La fróntera entre la conquista y la melancolia mide exactamente el diámetro del planeta que dejarán atrás el miércoles cuatro seres humanos atados a una bomba de hidrógeno y un sueño que ya cumplió medio siglo de retraso.
El reloj sigue. 47 horas, 46 minutos, 12 segundos. La cuenta atrás no es solo para el cohete: es para una civilización que se juega su capacidad de asombro. Si el cielo se porta bien, el miércoles a las 22:24 GMT el fuego volverá a dibujar una línea vertical sobre el Atlántico. Y, por primera vez en dos generaciones, la Luna tendrá visitas.
