La noche que dos hombres murieron en moto y san juan se volvió un corral blindado
Las balas encontraron su blanco en la madrugada del domingo, cuando la mayoría aún dormía. Dos hombres que rodaban por la ruta a Ciudad Quetzal, a la altura del kilómetro 24, cayeron de golpe sobre el asfalto frío de Las Margaritas. No hubo tiempo para esquivar: los impactos fueron certeros, vitales. La moto quedó tirada como un insecto aplastado. En cuestión de minutos, la zona se llenó de luces rojas, uniformes y la pregunta que nadie se atreve a responder: ¿por qué a ellos?
El silencio que siguió al estampido
Los vecinos escucharon ráfagas, pero en San Juan Sacatepéquez eso ya no sorprende. Lo que sí los hizo salir de sus casas fue el despliegue: unidades de la Policía Nacional Civil bloquearon entradas y salidas, agentes del Ministerio Público caminaron con guantes azules recogiendo casquillos, y los bomberos de Ciudad Quetzal confirmaron lo inevitable: no había nada que hacer. Las víctimas, aún sin nombre, yacían bajo una lona mientras los peritajes dibujaban un mapa de violencia que se repite cada semana.
El tráfico se volvió un caos. Camiones de carga, microbuses y hasta ciclistas tuvieron que dar reversa; nadie quería acercarse. En WhatsApp empezaron a circular fotos de los cuerpos —rostro cubierto, zapatos desgastados— y la voz del miedo se instaló: “Si esto fue ajuste de cuentas, viene represalia”, comentó un comerciante que prefirió no dar su nombre. La zona, dicen los que viven ahí, lleva años siendo un retén abierto para los que manejan la droga.

La colonia que ya perdió la cuenta de sus muertos
Las Margaritas no es cualquier barrio. En junio pasado, Campo La Estrella —a solo dos kilómetros— fue escenario de un tiroteo entre presuntos narcotraficantes y patrullas. El saldo: detenidos, un arsenal incautado y un perro K-9 olfateando maletas llenas de cargamento. El COCODE de la colonia Prados de Ciudad Quetzal también perdió a su presidente, Don Adolfo, asesinado en diciembre mientras empujaba una carreta de tierra. Vecinos lo recuerdan como el hombre que repartía lonches a los estudiantes; los agresores lo vieron como un obstáculo.
El patrón es tan obvio que duele: liderazgo social, control territorial, rutas que comunican el occidente con la capital. San Juan Sacatepéquez ya no solo cultiva flores para exportación; también siembra cadáveres en las orillas de su autopista. El domingo fue el turno de los dos motociclistas. El lunes, la prensa olvidará sus rostros. Pero los casquillos quedan ahí, oxidándose, como constancia de que la guerra sigue y los mapas oficiales aún no han dibujado sus trincheras.
La investigación, dicen, está en curso. La policía no reveló hipótesis; el MP tampoco. Mientras tanto, las motos pasan rápido por el kilómetro 24, los conductores miran al frente y aceleran. Nadie quiere ser la siguiente sombra en el asfalto.
