La onu desvela la cifra que nadie quiere ver: 1.000 millones de toneladas de comida a la basura
Mientras 828 millones de personas se acuestan con hambre cada noche, los contenedores del planeta se atragantan con 1.000 millones de toneladas de alimentos aún comestibles. La ONU ha estampado este lunes, Día Internacional de Cero Desechos, una cifra que escupe directamente a la cara de quienes protestan por la subida de la cesta de la compra: el 19 % de toda la comida producida para humanos acaba en la basura sin probar bocado.
El 60 % de la comida se pudre en tu nevera
El hogar, ese santuario donde presumimos de planificación semanal, es en realidad el mayor vertedero de alimentos del planeta. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) ha desglosado la factura: cada familia tira, de media, más de 1.000 raciones al día entre yogures a medio abrir, bolsas de lechuga convertidas en sopa verde y tuppers que migran del congelador al cubo sin pasar por el micro. El servicio de restauración –hoteles, catering, comedores escolares– añade otro 28 % de pérdidas, mientras que los supermercados completan el podio con un 12 % de productos que mueren en estantería por defecto estético o por próxima caducidad.
La cuenta del derroche no es solo moral: representa 1 billón de dólares anuales en costes directos, el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y el 14 % del metano que escapa a la atmósfera, un potente catalizador del cambio climático que supera con creces la contaminación generada por toda la aviación civil mundial.

Guterres pide pasar de la culpa a la acción
António Guterres, secretario general de la ONU, ha interpelado desde Nueva York a cuatro actores clave: consumidores, minoristas, ciudades y gobiernos. Su mensaje es un eco de ordenes cortas: «Cambia tus hábitos, optimiza tu operación, separa la materia orgánica y legisla de una vez». La cumbre de alto nivel que ha reunido a ministros y CEOs ha servido para exhibir dos únicos casos de éxito: Japón ha recortado un 53 % su desperdicio desde 2000 y Reino Unido un 22 % desde 2007. El resto del planeta, admite el Pnuma, ni siquiera tiene datos fiables para saber por dónde empezar.
La hoja de ruta es tan sencilla como impopular: reducir a la mitad el desperdicio alimentario para 2030, un compromiso que figura en el objetivo 12.3 de la Agenda 2030 y que, a día de hoy, parece ciencia-ficción. La directora del Pnuma, Inger Andersen, lo ha resumido con una frase que debería cortar la respiración: «No podemos permitirnos ni desperdiciar comida ni desperdiciar el dinero que cuesta desperdiciarla».
La ironía es demoledora: producimos suficiente alimento para alimentar a 10.000 millones de bocas, pero la cadena se rompe en el trayecto del campo al plato. La solución no está en sembrar más, sino en dejar de tirar lo que ya cosechamos. La próxima vez que echemos la ensalida
