La pota arrasa en china y corea: perú multiplica por 11 sus ventas en enero

En los muelles peruanos el aire sabe a dinero. Mientras el mundo desayuna, 119 000 toneladas de pota, bonito y perico ya cambiaron de dueño. Enero de 2026 cerró con un alza del 527% en el valor exportado: 98 millones de dólares que llegaron tan rápido que hasta el sistema aduanero se tambaleó.

Una sola especie rompe el cronómetro: la pota

El calamar gigante —ese cefalópodo que los pescadores de Chimbote bautizan «la vaca del mar»— disparó sus ventas al exterior un 1 060%. La cifra no es un error de dedo: once veces más que en enero del año pasado. El destino principal, China, lo convierte en snacks de tilapia rellenos y en tentáculos crujientes que luego reexporta a Corea del Sur. Madrid y Seattle se pelean el sobrante.

El fenómeno arrastra al bonito y al perico. El primero trepó 351%, el segundo 284%. Los tres, en 31 días, superaron el volumen que Perú solía vender en todo un trimestre. La razón es brutal: el Niño costero se despidió a fines de 2025 y dejó aguas templadas repletas de nutrientes. Los bancos migraron más cerca de la costa; los artesanales, con sus fibras de 30 caballos, los interceptaron antes que la flota industrial.

De la red al congelado en menos de 6 horas

De la red al congelado en menos de 6 horas

El salto no es solo mar adentro. Las plantas de Paita y Callao duplicaron turnos para convertir pota en filete IQF y surimi. La producción industrial creció 103%; el congelado de pota, 522%. Un trabajador de TASA resume la jornada: «Entra a las 3 de la tarde y sale a las 9, pero con bono triple. La línea no para ni para limpiar». Ese ritmo emplea, de forma directa, a 30 000 personas entre muelles, factorías y camiones refrigerados.

El ministro César Quispe Luján lo sabe y ya prepara la parte política: anunció créditos blandos para 2 000 fibras artesanales que quieren instalar GPS y cámaras frío. El objetivo es mantener el flujo cuando la pesquería china baje el telón, algo que los analistas dan por hecho en el tercer trimestre.

¿Y el plato del peruano?

¿Y el plato del peruano?

Mientras tanto, en los mercados de Villa María del Triunfo, el bonito subió dos soles el kilo. La exportación exprime la oferta y el pescador ya no quiere vender en Lima; prefiere el contenedor que paga en dólares. El perico, antes abundante en ceviches de 12 soles, ahora aparece como «producto de lujo» en carteles de Miraflores. La doble faz de la pesca artesanal se hace carne: exportación versus olla popular.

El saldo final es desigual pero redondo. Más de 95 000 pescadores —entre mar y río— facturaron en enero lo que antes ganaban en medio año. El BCR ya incorpora la cifra en sus proyecciones de crecimiento, y el mercado de productos marinos de Busan cotiza el calamar peruano con prima de riesgo negativa: se espera que siga llegando.

La moraleja es fría como un contenedor a –18 °C: cuando el océano decide regalar, conviene tener flota, frío y cliente afuera antes que el vecino lo note. Perú lo logró en 31 días. Ahora le toca al bolsillo del consumidor local contener la resaca.