La romana se prepara para una jornada de riesgo: 31 °c y 61 % de lluvia que pueden paralizar la ciudad

Las calles de La Romana amanecerán este martis bajo un sol que quema y un cielo que amenaza. A las 11 de la mañana el termómetro ya marcará 31 °C, pero la sensación será peor: la humedad caribeña se mezclará con un 61 % de probabilidad de lluvia que puede convertir en ríos las avenidas San Martín y Libertad. El aviso llega cuando el país apenas se recupera de la tormenta subtropical que la semana pasada dejó 7.200 personas sin luz y 14 barrios anegados en San Pedro de Macorís, a solo 35 km.

El viento que sopla del caribe avisa algo más que lluvia

El viento será el primer mensajero. Soplará desde el sureste a 39 km/h, lo suficiente para levantar el polvo de las obras del nuevo malecón y revolver el mar que baña Casa de Campo. Esa misma brisa cálida transporta nubes cargadas que, al chocar con la cordillera Oriental, se descargarán en forma de aguaceros que pueden superar los 25 mm en menos de una hora. El radar de ONAMET ya detecta un sistema convectivo a 80 km al este de Isla Saona que avanza a 18 km/h. Si mantiene velocidad, llega al aeropuerto La Romana sobre las 14:30.

La nubosidad será constante: 56 % durante el día, lo que reduce la visibilidad para los vuelos charter que aterrizan procedentes de Frankfurt y Montréal. Aunque la lluvia se disipe al anochecer, el riesgo no desaparece: el índice UV alcanzará 11, categoría “extremo”. Quienes salgan del hotel Bayahíbe Princess sin bloqueador sufrirán quemaduras de primer grado en menos de 15 minutos. La piel morena que presumen los turistas no es escudo contra la radiación que filtran los huecos del ozono que deja el polvo sahariano que flota sobre el Caribe desde hace tres días.

El caribe ya perdió la costumbre de esperar

El caribe ya perdió la costumbre de esperar

La temporada de lluvias oficialmente comenzó el 15 de mayo, pero La Romana lleva 12 días seguidos con precipitaciones superiores a los 10 mm. El acumulado mensual ya roza los 180 mm, un 40 % por encima del promedio histórico. El río Dulce —que desemboca en el parque nacional del Este— creció 1,20 m en la última semana y arrastró 3.800 toneladas de plástico que terminarán en las playas de Bayahíbe si el viento gira al sur. Los pescadores artesanales han abandonado el muelle de Caleta: el mar está “sucio de agua dulce”, dicen, y los bancos de peto y sierra se alejaron 8 millas mar adentro.

Mientras tanto, el gobierno mantiene la alerta verde, pero el alcalde José Ramón (Papito) Reyes convocó a la Dirección de Emergencias a una reunión de urgencia a las 10:00. El problema no es solo la lluvia: el 61 % de probabilidad se combina con un sistema de drenaje que fue diseñado para 120 mm anuales y ya recibió 180 mm en lo que va de mes. Si se repite el patrón de 2017 —cuando 48 horas de aguacero dejaron dos muertos y 900 viviendas destruidas— la ciudad podría quedar incomunicada antes del anochecer.

El cielo se cerró. El termómetro ya marca 28 °C en el aeropuerto y los turistas del vuelo DE 2254 acaban de desembarcar con paraguas comprados en la duty free. Nadie quiere ser noticia. A las 14:30 sabremos si el sistema convectivo cumple su cita o si, como cada año, La Romana aprende a vivir con el agua hasta la rodilla.