La sanidad en españa se parte en dos: los ricos se curan y los pobres resisten

Abrir la boca en la consulta del dentista cuesta 25 puntos de porcentaje si la cartera es delgada. El 67,4 % de los españoles con rentas altas pasó el 2025 por la silla del odontólogo; solo el 42,3 % de los que menos ganan pudo hacerlo. La brecha no es un agujero, es un cráter.

El ine dibuja un mapa de la desigualdad que muerde

La Encuesta de Condiciones de Vida, hecha a 72.000 personas, confirma lo que muchos intuían en la cola del ambulatorio: la clase alta no solo vive más años, los vive mejor. El 68,1 % de los de ingresos altos vio a un especialista en 2025; entre los de abajo, la cifra se hunde al 50,4 %. La diferencia se atenúa –solo dos puntos– cuando se trata del médico de cabecera, porque la salud básica es el último bastión que aún no han privatizado del todo.

Lo que sube es la factura. El 8,4 % de los hogares considera «pesada» la carga de médico o especialista, frente al 7 % de 2022. Pero el golpe baja más: el 18,7 % de las familias sufrió por los gastos dentales, y el escalón social marca la herida: el 20,2 % de los más pobres notó el pinchazo, solo el 13,3 % de los ricos.

El tabaco y la fruta también entienden de clases

El tabaco y la fruta también entienden de clases

El 15 % de los españoles fuma cada día, dos puntos menos que hace tres años. Pero el humo se concentra abajo: el 15,9 % de los de ingresos bajos sigue enganchado; arriba, baja al 11,5 %. El alcohol retrocede en general, pero quienes más ganan beben un poco más a diario (6,5 %) que quienes menos (4,8 %). La fruta y la verdura, eso sí, se marchan de la cesta de todos. El 63,2 % come fruta cada día –en 2022 era el 67,1 %– y la verdura cae al 47,7 %. La razón: los precios suben y los sueldos no.

La obesidad, fiel a su guión, castiga más a los de abajo: 17,3 % frente al 10,8 % de los de arriba. El sobrepeso, otro 36,9 % contra 33,3 %. El cuerpo habla claro: en este país, la pobreza engorda.

La lección es tosca. La sanidad pública resiste, pero la privada avanza. Y cada vez que un trabajador se plantea si ir al dentista o pagar la factura de la luz, la respuesta dibuja el retrato de una España que se desgaja por la línea del bolsillo. La salud ya no es solo un derecho; es un indicador de renta. La próxima vez que escuchemos hablar de recuperación, convendrá mirar la boca de los demás: allí está la verdadera radiografía del país.