La semilibertad de telleria enciende la mecha del indignación en las víctimas

San Sebastián amaneció con un nombre que muchos creían enterrado en el pasado: Ángel María Telleria Uriarte. El etarra que disparó contra la primera mujer policía asesinada por ETA sale de la cárcel de lunes a viernes gracias al artículo 100.2, ese mecanismo penitenciario que el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) tacha ya de «cheque de salida exprés».

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La imagen de la agente María Teresa Esteban caída en la plaza de la Trinidad de Bilbao tras recibir tres balas de Telleria y su cómplice resucitó ayer en las redes de Covite. «No se trata de venganza, se trata de verdad», decía la presidenta Consuelo Ordóñez muntaba la cuenta: «van uno por semana». Catorce días después de que otro etarra, Igor González Sola, pisiera la calle con idéntico permiso, la organización calcula que ya son más de cien los beneficiarios de la medida desde 2021.

El Ministerio del Interior argumenta que Telleria, condenado a 30 años por asesinato y pertenencia a banda armada, cumple los requisitos: ha pasado la mitad de la pena, no ha incurrido en disciplinario y colabora en un taller de carpintería fuera de la prisión. Pero Covite desmonta el discurso: el etarra figura en la última lista de Etxerat, la asociación de familiares que sigue calificando a los presos de «políticos». «¿De qué arrepentimiento hablamos?», se pregunta Ordóñez.

El 100.2, entre la norma y la grieta

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El artículo nació para facilitar la inserción social de los presos que muestran «un cambio significativo de actitud». En la práctica, se ha convertido en una válvula que despresuriza la cárcel sin que los condenados rompan lazos con el entramado que justificó la violencia. «Cumplen la ley, pero la vacían de contenido», advierte la abogada de Covite Maite Aranzabal. El ejemplo más claro: Telleria saldrá por la mañana, trabajará en un taller subvencionado y regresará por la noche, sin que nadie le exija reconocer la gravedad del crimen ni colaborar con la justicia.

El PP ya ha anunciado que recurre la decisión; el PNV pide «confianza en los técnicos»; EH Bildu celebra «un paso hacia la normalización». En el medio, las víctimas se sienten trasbordadas. «Nos dijeron que la democracia vencería al terrorismo, pero nadie avisó de que el terrorismo se iría de excursión de lunes a viernes», resume Ordóñez antes de colgar. La frase corre como reguero de pólvora entre quienes aún guardan el carné de policía de Esteban en un cajón.

La próxima semana tocará otro nombre. El calendario penitenciario está marcado con tinta roja hasta 2026. Mientras, Telleria cruzará la puerta de la cárcel de Araba cada mañana con una autorización que, según Covite, huele a amnistía con sello oficial. La democracia, dicen, cumple años; la memoria, no.