La tobillera de bolsonaro suena otra vez: 72 horas de libertad y un video que puede devolverlo a la cárcel

En Brasilia amaneció con la certeza de que Jair bolsonaro volvería a dormir en su casa. A medianoche ya se cocía la duda de si esa noche sería en Papuda, el penal que dejó el 13 de marzo con una bilateral que casi lo mata. El motivo: un teléfono grabando en Texas y un hijo que, desde el escenario de la CPAC, gritó: «Se lo estoy mostrando a mi padre».

El mensaje que estalla en brasilia

Alexandre de Moraes, el ministro que lleva la causa por el intento de golpe de 2022, abrió la madrugada del martes un sobre electrónico y encontró la frase de Eduardo Bolsonaro convertida en potencial delito. La orden de arresto domiciliario firmada el viernes prohibía «cualquier recepción de contenido externo, aun mediante terceros». La respuesta judicial fue un requerimiento con sello de 24 horas: expliquen cómo se transmitió ese video al ex presidente.

La familia reaccionó a los tumbos. Michelle Bolsonaro publicó en Instagram que «no se recibió ni se exhibió grabación alguna». Lo que no aclaró es cómo Eduardo pudo asegurar que su padre veía en directo un acto al que ni siquiera asistía. La contradicción huele a chamusquina: si no lo vieron, ¿por qué el senador desde Dallas repetía que lo estaba «mostrando»?

La cuenta regresiva empieza en 90 días prorrogables

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El beneficio médico que sacó a Bolsonaro de la UCI tiene caducidad política. La tobillera electrónica registra cada pulso; la cámara del iPhone de Michelle, cada post. La diputada Talíria Petrone (PSOL) ya pidió al Supremo que lo revoque: «Se burlan del aislamiento con un reality familiar». En el tribunal se habla de «vulneración flagrante» y de «tergiversación del mandato». Traducción: pueden enviarlo de vuelta a la celda antes de que termine la semana.

El calendario aprieta. Faltan 197 días para la primera vuelta presidencial y Flávio Bolsonaro, otro de los hijos, se perfila como candidato del Partido Liberal. El acto en Texas fue, en teoría, su lanzamiento internacional. Ahora puede convertirse en el episodio que devuelva al patriarca al calabozo y deje al clan sin cabeza visible en la campaña.

La broncoaspiración que casi cambia la historia

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El 13 de marzo, Bolsonaro ingresó al DF Star con una bronconeumonía bilateral que dejó su pulmonía en 70 % de afectación. Estuvo diez días intubado. La defensa argumentó riesgo de muerte y obtuvo el arresto domiciliario. Pero en los pasillos del Supremo recuerdan que ya en noviembre el ex mandatario dañó la tobillera con un soldador y fue trasladado a una celda de la Policía Federal. La confusión médica, entonces, fue su coartada. Ahora la coartada es un teléfono en manos de un hijo que vive en Orlando desde que la Justicia lo acorraló por obstrucción.

La cuestión es numérica: si De Moraes confirma el incumplimiento, el arresto domiciliario se cancela automáticamente y el reloj vuelve a 27 años y tres meses de cárcel. La cuenta no admite rebaja por buena conducta: la condena es por tentativa de golpe de Estado y organización criminal armada. El peor escenario para el bolsonarismo no es la celda; es quedarse sin candidato y sin narrativa a seis meses de una elección que, hasta ayer, creían ganable.

Brasilia amaneció con la certeza de que Bolsonaro cenó en su sofá. Antes de que anochezca, el Supremo puede certificar que desayunará entre rejas. La tobillera sigue pitando: cada segundo que pasa es un voto que se le escapa al clan.