La ue alerta: los ataques hutíes en el mar rojo pueden encender yemen
Bruselas sacude la mesa. La Unión Europea no solo condena los misiles hutíes, los detecta como la mecha de una guerra regional que ya huele a pólvora desde el mar Rojo hasta Teherán. El portavoz Anouar El Anouni lo dejó claro: cada dron que despega de Yemen arrastra al país hacia un abismo que empezó como guerra civil y termina como tablero de ajedrez de Washington, Jerusalén y sus enemigos.
El comercio mundial, rehén de un conflicto que no es suyo
La advertencia no es retórica. El 30 % del comercio global cruza el Bab el-Mandeb, la botella de cristal que separa África de Arabia. Los hutíes han convertido ese corredor en campo de tiro: barcos quemados, seguros disparados, rutas desviadas. El Anouni no mencionó cifras, pero el índice de fletes marítimos ya acumula un 62 % de alza desde octubre. La factura la pagará el consumidor europeo cuando el gasolinero le marque el próximo llenado.
Detrás del discurso oficial hay un silencio incómodo: Bruselas necesita el estrecho abierto, pero no quiere entrar en la coalición que Estados Unidos monta contra Irán. La solución, según la UE, pasa por Hans Grunberg, el enviado de la ONU que lleva meses pidiendo un cese de fuego que nadie escucha. Su última frase, la del domingo, sonó como un epitafio: «Yemen se convierte en la puerta de entrada a una guerra que no va a ganar nadie».

Los hutíes juegan a ser actor estatal con misiles caseros
El sábado lanzaron dos proyectiles contra Israel. No impactaron, pero el mensaje sí: «Estamos en la liga de Hezbolá y las milicias iraquíes». Irán les suministra los diseños, les financia y les da cobertura diplomática. A cambio, los hutíes ofrecen teatro de operaciones barato: un frente más para distraer a Israel y otro escenario donde Teherán puede negar su mano mientras la deja bien visible.
La UE promete «apoyo al pueblo yemení». En la práctica, ese apoyo se traduce en ayuda humanitaria que se detiene en Djibouti porque los hutíes bloquean los pasos terrestres. Mientras tanto, 21 millones de yemeníes —dos tercios del país— siguen necesitando asistencia para comer. La guerra regional que teme Bruselas ya es realidad para ellos: llevan nueve años muriendo a ritmo de 150.000 bajas al año y nadie ha preguntado si están listos para un nuevo capítulo.
La próxima escalada no será un comunicado. Será un buque mercante hundiéndose en directo, un reactor israelí respondiendo desde Eilat, un portaaviones estadounidense soltando fuego. La UE lo sabe y, por eso, apura sus palabras: «Moderación». Una palabra que suena a despedida cuando los misiles ya están en el aire.
