La ue blinda sus cables submarinos y deja a ee.uu. sin apoyo en ormuz
Bruselas da un paso al frente y otro de lado. Refuerza la vigilancia de gasoductos y cables de internet en el fondo del mar, pero rechaza extender sus fragatas al estrecho de Ormuz, donde Washington lleva meses pidiendo apoyo contra la presión iraní. La decisión, adoptada este lunes por los Veintisiete, redibuja el mapa de la seguridad marítima europea sin aplacar del todo la inquietud de sus aliados.
El nuevo mandato: proteger lo que no se ve
Las operaciones EUNavfor Aspides y EUNavfor Atalanta —desplegadas en el mar Rojo y el océano Índico occidental— suman ahora la tarea de vigilar infraestructuras submarinas críticas. Se trata de un cambio de rumbo que llega después de que el Nord Stream 2, el gasoducto que alimentaba a Europa, saltara por los aires en 2022 sin que aún se haya esclarecido del todo quién lo hizo. Desde entonces, cada eco de sonar en el Mediterráneo o el Golfo de Adén suena a alarma.
Con este refuerzo, los buques europeos recopilarán y compartirán información sobre movimientos sospechosos cerca de cables de fibra óptica y oleoductos. No se trata de una misión ofensiva: no se autoriza a disparar ni a incautar, solo a observar y avisar. Pero en la práctica, ese “ojo electrónico” puede disuadir a los drones submarinos que tantas veces han rondado las zonas de exclusión.

Ormuz, la línea roja que no se cruza
La parte que falta es la que más escozía en Washington. EE.UU. llevaba semanas presionando para que la UE ampliara sus operaciones al estrecho de Ormuz, donde Irán ha interceptado petroleros y sembrado minas marinas. El Consejo lo ha dejado claro: no habrá bandera europea en esas aguas. La razón, según diplomáticos consultados, es doble: evitar una escalada militar y proteger la imagen de neutralidad que la UE aún conserva frente a Teherán.
El rechazo no es solo simbólico. Supone que la flota estadounidense seguirá patrullando sola una vía por la que cada día transitan más de 20 millones de barriles de crudo. Mientras, los buques europeos se quedarán al sur, custodiando rutas que mueven el 12 % del comercio mundial y, de paso, los cables que llevan la mitad de los datos entre Asia y Europa.
Más entrenamiento, menos carbón vegetal
Aspides, nacida en febrero de 2024 para frenar los ataques hutíes, ahora entrenará a la Guardia Costera yemení y a la marina de Yibuti. Atalanta, la veterana cazapiratas del Índico, deja de vigilar el comercio ilegal de carbón vegetal —un negocio que alimenta el caos en Somalia— pero mantiene el foco sobre armas, drogas y pesca ilegal. Ambas misiones se alargan hasta 2027 y se integran en el proyecto CRIMARIO, la red europea que traza rutas marítimas críticas en tiempo real.
El mensaje es claro: la UE quiere proteger sus tubos sin meterse en la guerra de banderas. Queda por ver si esa distancia basta para que el enemigo —sea Irán, sea otro— respete los cables que Europa acaba de declarar patrimonio submarino.
La apuesta se cuantifica en 600 millones de euros hasta 2027 y en una veintena de fragatas que ya navegan bajo la bandera de Aspides o Atalanta. Si un día estalla otro gasoducto, al menos Bruselas podrá decir que lo estaba vigilando. No que lo defendió, pero sí que lo estaba mirando.
