La ue denuncia que china encierra el juicio del artista gao zhen en un callejón sin salida

Las puertas del Tribunal Popular de Sanhe se abrieron solo para cerrarse de golpe. La delegación de la Unión Europea en China confirmó este domingo que sus diplomáticos fueron rechazados en el último minuto de la vista contra Gao Zhen, el artista que podría pasar tres años en prisión por «mancillar la memoria de los héroes y mártires» del régimen comunista.

El gesto no es solo un desplante protocolario. Es la última losa que sella un proceso diseñado a medida: sin familia, sin observadores, sin testigos. La misma organización Chinese Human Rights Defenders (CHRD) adelantó que ni siquiera la esposa de Gao, Zhao Yaliang, ni su hijo de siete años —ciudadano estadounidense— podrán entrar. Un silencio calculado que convierte la sala de justicia en una caja negra.

Las obras que pesan sobre el artista datan de cuando el delito no existía

La acusación se sostiene en esculturas que Gao exhibió entre 2005 y 2009 en Pekín. Piezas que ironizan sobre Mao Zedong y la Revolución Cultural. El problema: el delito por el que se le juzga entró en vigor en marzo de 2021. La retroactividad, en teoría, está prohibida incluso en el Código Penal chino. Pero aquí se aplica como un vendaje sobre heridas que el Partido Comunista prefiere mantener cerradas.

Gao, que reside en Estados Unidos, fue detenido en agosto pasado cuando regresó a China para visitar a su hermano. La policía lo esperaba en su estudio de Yanjiao, una localidad dormitorio de Pekín. Desde entonces, su caso se ha convertido en un termómetro de la represión cultural: Human Rights Watch lo citó en enero como ejemplo de la «intensificación del control ideológico»; Amnistía Internacional lo incluyó en abril en su lista de creadores amordazados.

A sus 69 años, con diabetes y problemas cardíacos, Gao cumplirá 70 en mayo de 2026. Su salud se deteriora mientras la fiscalía de Sanhe aplaza el juicio por tercera vez. Cada demora es una forma de castigo que no aparece en la sentencia.

La ue pierde un asiento en la sala y gana una razón para protestar

La ue pierde un asiento en la sala y gana una razón para protestar

El incidente diplomático llega en medio de un tira y afloja entre Bruselas y Pekín por los derechos humanos. La UE lleva meses exigiendo acceso a procesos políticos; China responde con invitaciones que se evaporan en el aire. Esta vez, los diplomáticos europeos lograron cruzar la puerta del tribunal, pero una mano invisible —y uniformada— les cerró el pasillo que llevaba a la sala. El mensaje es claro: la transparencia es un privilegio, no un derecho.

Mientras tanto, Shane Yi, investigador de CHRD, resume la paradoja: «Gao no está juzgado por lo que hizo, sino por lo que representa: la posibilidad de que el pasado pueda discutirse». En China, la historia ya no se escribe con tinta; se talla en mármol y se protege con rejas.

El veredicto se conocerá en los próximos días. Pase lo que pase, la sentencia ya está escrita: el arte que incomoda acaba tras las rejas. Y la memoria que se niega a ser sagrada se convierte en delito de Estado.