La ue se atraganta con su propio control fronterizo: colas de 2 horas ya antes de semana santa

Bruselas acaba de confirmar lo que los pasajeros llevan meses oliendo en las terminales: el Sistema Europeo de Entradas y Salidas (EES) ha empezado a devorar minutos como si fueran segundos. Colas de más de dos horas en los controles para viajeros extracomunitarios, aeropuertos saturados y una advertencia conjunta de ACI Europe y Airlines for Europe: la Semana Santa puede convertirse en un infierno logístico.

El 31 de marca activa la trampa

El 31 de marzo se cierra la válvula de escape. Hasta ahora los Estados miembro podían suspender el EES cuando la sangría operativa se volvía insoportable; a partir de ese día la obligación de registrar al 100 % de los nacionales de terceros países será rígida. El 9 de abril desaparece incluso la suspensión parcial. Traducción: más gente, mismos torniquetes, menos margen de maniobra.

Los aeropuertos ya cronometran colas de 120 minutos en hora punta y algunos hubs superan esa cifra. La mecánica es demoledora: escaneo facial, captura de huellas, validación de datos contra bases europeas. Cada pasajero extra-Schengen ahora consume entre 60 y 90 segundos más que hace un año. Multiplícalo por un vuelo Boeing 777 lleno de turistas y obtienes una espera equivalente a una película de Almodóvar.

La bronca crece en asfalto y en gasolina

La bronca crece en asfalto y en gasolina

La indignación ya saltó de las terminales a la carretera. La semana pasada camioneros bosnios bloquearon la frontera con Croacia contra el límite de 90 días dentro del área Schengen que impone el EES. Los transportistas advierten que los retrasos en las aduanas se trasladarán a los supermercados en forma de desabastecimiento y encarecimiento. La cadena de frío, literalmente, se derrite en la cola.

El sistema, impulsado con la retórica de la seguridad, topa contra una realidad más prosaica: falta de personal, kioscos averiados y e-gates que funcionan a medias. Las asociaciones piden a Bruselas extender la posibilidad de suspender el EES «durante toda la temporada de verano 2026». Es decir, admiten que la infraestructura no dará abasto ni en 18 meses.

La UE ha construido un muro digital sin abrir suficientes puertas. Mientras, los relojes de los viajeros seguirán corriendo, los aviones seguirán perdiendo sus slots y la paciencia de pasajeros y transportistas se agotará mucho antes de que una comisión de ministros se reúna a debatir «medidas adicionales». La próxima vez que escuches un «ultima llamada» en la T4, puede ser la metáfora perfecta de un continente que ha decidido registrar el mundo sin estar listo para recibirlo.