Ladilla rusa regresa con una tecnorumba que huele a brut de denim y a coqueteo de intercambio de papeles

Las luces de neón vuelven a parpadear en la cabina de los 80: el 9 de mayo Ladilla Rusa estrena ¿Quieres rollo?, una pieza que clava el timón de la nostalgia en la pista de baile actual. Tania Lozano y Víctor F. Clares, la pareja química de Montcada i Reixac, han destilado en tres minutos la receta pre-internet: amiga de apoderada, amigo de mensajero y la frase letal «¿te lias con él?» antes de que el DJ soltara el segundo tema de Azúcar Moreno.

Del messenger al cassette: la cronología del deseo según ladilla rusa

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La canción no es solo un ejercicio retro. Es un acto de resistencia contra el ligoteo por algoritmo. «Ahora meten boca y ya está», se queja Clares. El dúo convierte la anécdota en mapa emocional: la pista como territorio de trueque, la amiga como VPN humana, el rechazo como ritual colectivo que terminaba en cubata derramada y abrazo de disculpa.

El videoclip, que rodarán en abril, promete giro de guion al estilo de Valerio Lazarov: planos secuencia en chiringuito de la Barceloneta, cameo de un Chicho hiperrealista y desenlace que, según Lozano, «deja al protagonista hablando solo frente al espejo del baño». La estética Los Chichos no es casual: la rumba se codea con la tecnódromo para demostrar que la tecnorumba no es género, es estado de ánimo.

El parón de casi dos años les sirvió para desentrañar la trampa del personaje. Lozano frenó la gira cuando la ansiedad la mandaba directa a urgencias. «Mi trabajo es que la gente esté de fiesta, pero yo no estoy de fiesta», resume. Entre sesión de terapia y ensayo de batería electrónica, escribió en Instagram manifiestos sobre salud mental que sus seguidores leyeron como letra de canción futura.

La gira Tiro riro tour arranca el 12 de abril en la Sala Salamandra y recorrerá veinte ciudades con escenario de feria itinerante: algodón de azúcar, dianas de tiro y photocall con cabina de llamadas. Han vendido 14.000 entradas antes de publicar el nuevo single. La cifra habla por sí sola: la nostalgia ya no es mercancía, es refugio colectivo.

La lección es básica. Mientras los apps convierten el deseo en swipe, Ladilla Rusa rescata la lentitud del intercambio. La canción no pregunta si alguien quiere rollo; pregunta si alguien quiere tiempo. Y en mayo, cuando suene el primer coro, la pista se dividirá: los que recuerdan el Brut de Denim y los que Googleean qué demonios era eso. Ambos bailarán igual. El cuarto de siglo que los separa desaparece en cuatro compases de tecnorumba. Ahí está el truco: no se trata de volver a los 80, se trata de recuperar la ansiedad que nos hacía humanos antes de que la pantalla la amortiguara.