Las bolsas se agarran al alza mientras el crudo roza los 116 dólares por el temor a irán

Madrid amaneció este lunes con un alza del 0,36 % mientras el barril de brent trepaba hasta los 115,56 dólares. La euforia dura lo que tarda un café: en la mesa de operadores ya se palpa el miedo a que la retórica de Donald Trump sobre Irán termine en misiles reales.

El gas natural se dispara por el mismo miedo que paraliza fráncfort

El gas natural se dispara por el mismo miedo que paraliza fráncfort

La bolsa alemana, esa que tantas veces hemos mirado como espejo, apenas se inmuta: -0,04 %. Ni sube ni baja, como si el Dax contuviera la respiración. Lo que sí salta es el TTF, el gas de referencia en Europa: +2 % hasta los 55,32 euros el megavatio/hora. La lógica es perversa: si Irán cierra el estrecho de Ormuz, no será el crudo lo escaso, será el metano el que encienda las calefacciones del continente.

En Londres, la FTSE 100 festina un 0,60 % gracias a Shell y BP, dos petroleras que facturan cada centavo de tensión geopolítica. En París, el CAC 40 apenas se atreve a un timido +0,06 %: TotalEnergies sube, pero LVMH baja porque el lujo huele a recesión cuando el petróleo huele a pólvora.

El euro se deja un 0,08 % frente al dólar y cotiza en 1,149. No es depreciación, es constatación: la divisa europea ya no ofrece refugio; el refugio es el petróleo y, paradójicamente, también el bitcoin, que se revaloriza un 1,26 % hasta los 67.391 dólares. El crypto ya no es activo de riesgo: es el activo de la desconfianza generalizada.

En el fondo, lo que inquieta no es la subida, sino la velocidad: el brent ha ganado más de 2,6 % en una sola sesión. La última vez que vimos este ritmo fue en marzo de 2022, dos días después de que Rusia pisara Ucrania. El mercado tiene memoria muscular y la contractura se llama Estrecho de Ormuz.

Los bonos lo saben. La rentabilidad del bund alemán cae hasta el 3,088 % y la del bono español baja al 3,613 %. No es calma: es vuelo hacia la deuda que, al menos, promete devolverte algo si todo se incendia. La prima de riesgo de España se estrecha sin alegría: somos el menor mal dentro del mal menor.

En Asia, el Nikkei se desplomó un 2,79 % porque Japón importa el 94 % de su crudo y cada dólar de subida es una bala contra su balanza comercial. Shanghai y Shenzhen se mueven en banda estrecha: China juega al ajedrez mientras el resto juega al póker.

Wall Street, que el viernes perdió más de 1,65 % en todos sus índices, abre el futuro con verde tenue: Dow Jones +0,46 %, S&P 500 +0,44 %, Nasdaq +0,37 %. No es confianza: es recalibración algorítmica antes de que Trump twitee de nuevo.

El resumen es brutal: media Europa sube por el petróleo que teme, y Fráncfort se quita y pone la corbata porque sabe que, si Irán responde, la primera en caer será la industria que alimenta. La bolsa ya no desconta beneficios: desconta bombas. Y mientras, el crudo sigue ahí, en 115,56 dólares, como un termómetro de la temperatura del planeta.