Las mujeres ya mandan en el 40% de las exportadoras peruanas

Hace cinco años apenas una de cada cuatro empresas que despachaba productos al exterior en Perú tenía una mujer al mando. Hoy son cuatro de cada diez. El salto —de 24,1% a 38,6%— no es un simple dato estadístico; es el ruido sordo de miles de mujeres que rompieron la puerta de un club que les fue negado durante siglos.

El Ministerio de la Producción acaba de confirmar la cifra en su informe Mipyme en cifras 2024: 2.496 empresas exportadoras lideradas por mujeres, 992 más que en 2020. Su factura: 653 millones de dólares en 2024, con una escalada anual del 30,7% desde 2019. La participación femenina ya representa el 14,6% de todo lo que venden al mundo las pequeñas y medianas empresas del país.

El oro rosa de puno

Lima sigue siendo el motor, pero la sorpresa aparece en la altura. Puno, con sus 3.800 metros sobre el nivel del mar, se coló como la segunda región en valor exportado bajo liderazgo femenino. Allí, mujeres aymara y quechua tejieron una red de oro: mineras artesanales formalizadas que ahora venden oro certificado a India y Emiratos Árabes Unidos. El metal que antes se escapaba por la ilegalidad hoy pasa por laboratorios de calidad y llega a Dubai con sello ético.

El cambio de chip no fue mágico. Detrás hay un plan de capacitación que empezó en 2020, cuando la pandemia dejó a cientos de mujeres sin empleo y con una sola salida: crear su propia empresa. El Estado abrió cursos de comercio exterior, les enseñó a llenar facturas proforma, a calcular Incoterms y a entender los certificados de origen. De vendedoras ambulantes a exportadoras en menos de cuatro años.

Del campo a la vitrina

Del campo a la vitrina

Las cajas de mangos y arándanos que antes partían hacia Miami ahora viajan acompañadas de bolsos de cuero de Cajamarca y pendientes de plata de Cusco. El 47,8% de las empresas lideradas por mujeres son pequeñas; el 47,4%, micro. Pero ya no exportan solo materia prima: envían productos terminados con valor agregado. Una fábrica textil de Arequipa despacha 20.000 polos orgánicos al mes a una cadena de California. La dueña, Susana Quispe, emplea a 150 madres cabeza de familia y presume de tener certificación Women Owned, el pasaporte que abre puertas en ferias de Nueva York.

Ana Lucía Rivera, directora académica de Negocios Internacionales de CERTUS, lo resume sin aspavientos: “Las mujeres aprendieron que el know-how se compra con formación, no con contactos”. Rivera lleva tres años rastreando la evolución y detecta un patrón: la formalización llega antes que el crédito. Primero el RUC, luego el seguro social, después la línea bancaria. “Los números no ven género, pero los bancos sí ven historial”, advierte.

La brecha que no se cierra con cifras

La brecha que no se cierra con cifras

El crecimiento tiene un talón de Aquiles: la economía del cuidado. A las 2 de la madrugada, cuando un cliente en Amsterdam exige una muestra, alguien tiene que despertar. Muchas veces esa alguien es una mujer que ya estuvo 12 horas con sus hijos y su madre enferma. El 68% de las exportadoras lideradas por mujeres tiene menos de cinco empleados; la escalada se frena cuando no hay red familiar que supla el turno nocturno.

El acceso al crédito sigue siendo un muro. Las mujeres reciben solo el 28% de las líneas de financiamiento orientadas al comercio exterior, según la SBS. El argumento de los bancos: falta garantía. La réplica de las empresarias: “Tenemos historial de exportación, ¿qué más quieren?”

Mientras tanto, el reloj avanza. En 2025 se espera que otras 300 empresas lideradas por mujeres crucen la frontera de los 100.000 dólares anuales en ventas externas. El objetivo: que el 50% de las exportadoras peruanas tenga una mujer al mando antes de 2030. La apuesta no es de género; es de dinero. Cada dólar que exporta una mujer regresa multiplicado en colegios, consultorios y supermercados de su barrio. La curva no miente: cuando una mujer exporta, un distrito entero se pone de pie.