Las petroleras ganarán 24.000 millones con la guerra mientras tú pagas en la gasolinera
Mientras los precios del carburante aprietan cada vez más a los conductores españoles, las grandes petroleras que operan en Europa se preparan para embolsarse hasta 24.000 millones de euros en beneficios extraordinarios de aquí a 2026. No es una proyección catastrofista: es el cálculo que acaba de publicar Transport & Environment (T&E), una de las organizaciones medioambientales con mayor credibilidad técnica en Bruselas. El detonante, como casi siempre en la última década, viene de Oriente Medio.
El negocio de la inestabilidad: cómo la guerra se convierte en margen de beneficio
La lógica es tan vieja como el petróleo mismo. Cada vez que el conflicto escala en algún punto neurálgico del mapa energético mundial, las cotizaciones del crudo se disparan y las compañías de combustibles fósiles registran ganancias que no tienen nada que ver con su eficiencia ni con su gestión. Son beneficios sobrevenidos, windfall profits en la jerga financiera: dinero que les cae encima por el simple hecho de existir en el momento adecuado. Desde el inicio de la última escalada bélica, T&E estima que las petroleras ya han acumulado 1.300 millones de euros de ese modo.
Lo que reclama la organización no es una revolución. Es recuperar un mecanismo que la propia Unión Europea ya activó en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania: el impuesto temporal sobre beneficios extraordinarios de las empresas de combustibles fósiles. Aquel tributo se dejó caducar. T&E pide que vuelva, y que esta vez la recaudación tenga un destino concreto: reducir la exposición de hogares y empresas a las próximas crisis del petróleo, que llegarán porque siempre llegan.

142 Euros al mes contra 48: la aritmética que las petroleras prefieren que no hagas
Con los carburantes rondando los dos euros por litro, mantener un coche de gasolina en España cuesta unos 142 euros mensuales solo en energía. Un vehículo eléctrico con un uso similar: 48 euros. La diferencia oscila entre el 55% y el 66% según cuánto se dependa de la recarga en alta potencia, que es más cara. La cifra habla por sí sola.
Pero el dato que más incomoda a la industria del motor de combustión es el de la exposición al riesgo. T&E calcula que un conductor con coche de gasolina está hasta cinco veces más expuesto a las fluctuaciones del precio del crudo que uno que conduce eléctrico. Cuando llega una crisis energética, ese diferencial se hace todavía más brutal: el sobrecoste mensual para un turismo de combustión sube a unos 60 euros, incluso descontando las rebajas temporales del IVA que los gobiernos aplican como parche. El eléctrico, en ese mismo escenario, llegaría a registrar un ahorro de 11 euros al mes.

La propuesta: que el dinero de la crisis financie la salida de la crisis
T&E no se limita a denunciar. Propone canalizar lo recaudado con ese impuesto extraordinario hacia la electrificación del transporte por carretera y, de forma muy específica, hacia la expansión de la infraestructura de recarga. La lógica tiene cierta elegancia: usar el dinero que genera la dependencia del petróleo para desmantelar esa misma dependencia.
La propuesta aterrizará en Bruselas en un momento políticamente complicado. La industria del automóvil presiona para retrasar los objetivos de reducción de emisiones, varios gobiernos europeos han rebajado sus incentivos a la compra de eléctricos y el debate sobre el fin del motor de combustión sigue abierto. Que la Comisión Europea decida resucitar un impuesto que ya dejó morir una vez requiere una voluntad política que, por ahora, nadie ha demostrado tener.
Mientras tanto, las petroleras siguen esperando que Oriente Medio arda un poco más.
