León xiv sacude la curia: coloca a rudelli en la llave del vaticano y manda a peña parra a roma

El Papa León XIV acaba de mover las piezas del tablero vaticano con una velocidad que deja sin aliento a los veteranos de la curia. Este lunes ha nombrado al arzobispo Paolo Rudelli nuevo Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, el puesto que controla el flujo de información, los nombramientos y, en la práctica, funciona como ministerio del Interior de la ciudad-Estado. El hasta ahora nuncio en Colombia asume el cargo en un momento en que el Vaticano negocia acuerdos bilaterales sensibles y reorganiza sus estructuras internas tras el cisma de la última década.

Un diplomático que ya conocía los pasillos de la santa sede

Rudelli, que cumplirá 56 años en julio, regresa a Roma tras apenas dos años en Bogotá. Su currículo es un mapa de las tensiones geopolíticas que la Santa Sede ha intentado amortiguar desde 2001: Ecuador, Polonia, Zimbabue. En cada destino dejó notas internas que ahora se convierten en cartas de presentación para gestionar la agenda diaria de un pontífado que necesita estabilidad y velocidad de reacción. «La llamada del Santo Padre León para colaborar estrechamente en el ejercicio de su misión suprema es un gesto de confianza inmerecida que me honra profundamente», ha dicho en la única declaración que ha facilitado la oficina de prensa.

La frase suena a ritual, pero los que le conocen aseguran que Rudelli detesta los despachos con alfombra y prefiere resolver los conflictos antes de que suban un escalón. Su predecesor, el venezolano Edgar Peña Parra, ha sido trasladado a la Nunciatura de Italia y San Marino, un destino que en la jerga curial se lee como ascenso lateral: influencia máxima, exposición pública controlada.

La danza de las cátedras que nadie registra

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Con el mismo breve comunicado, León XIV ha colocado al bosnio Petar Rajic como prefecto de la Casa Pontificia, cargo que llevaba vacante desde que Georg Gänswein partió a los países bálticos en 2023. Rajic, antiguo secretario particular de Benedicto XVI, regresa a la zona cero del protocolo: gestiona las audiencias, filtra las peticiones y decide quién entra y quién espera. En otras palabras, tres nombramientos en una mañana que redistribuyen el poder real del Vaticano sin que un solo cardenal haya tenido que levantar la voz.

La jugada deja a Rudelli en la sala de mandos de una Secretaría de Estado que negocia tratados fiscales con Europa, blinda la liquidez del Instituto para las Obras de Religión y tramita más de mil despachos al día. Su primer reto será visible antes del verano: presentar al mundo la lista de nuevos obispos que León XIV quiere en pie de guerra contra los abusos sexuales y la corrupción interna. La cifra habla por sí sola: 180 diócesis vacantes solo en Europa. Tiene seis meses para llenarlas sin romper el equilibrio entre conservadores y progresistas que ya resquebraja la curia.

Tras la firma de los decretos, Rudelli voló de Bogotá a Roma en un vuelo comercial, asiento 17A, sin comitiva. Lleva dos maletas y un portátil con carpetas etiquetadas como «ordines-2025». Nadie le ha visto sonreír. En el Vaticano cuentan que cuando le preguntaron por sus prioridades respondió: «Dormir esta noche. A la semana que viene pediré lo imposible». La frase corre ya los pasillos como un mantra que, paradójicamente, resume la esencia de un cargo que explica por qué el poder de León XIV empieza mucho antes de que aparezca en la ventana de bendición.