Leopoldo lópez avisa: la transición en venezuela ya empezó, pero falta el aterrizaje
Leopoldo López respira aliviado en Madrid. Desde el piso que le sirve de cuartel general mira al Caribe y siente que, por primera vez en años, el aire huele a cambio. “Venezuela ya está en transición”, me dice justo después de que el Gobierno español le entregue un pasaporte que el chavismo le robó en octubre. El 3 de enero, cuando Estados Unidos extrajo a Nicolás Maduro de su bunker diplomático, algo se quebró en el circuito de la revolución. López lo llama “la captura”. El mundo lo llama “deportación”. En la calle venezolana, donde la gente no entiende de jurisprudencia, solo se escucha un susurro: se fueron.
Un país que despierta con resaca de dictadura
El opositor recorre la sala con pasos de felino. Aprieta el celular como quien sostiene una pipa de agua: cada mensaje es una gotita de esperanza. Dice que en Caracas ya se puede hablar de política en las mesas de las areperas sin que el señor del bastón te escuche. Dice que los medios titulan nombres que estaban vetados y que los economistas dibujan curvas hacia arriba. Pero también dice —y aquí baja la voz— que no existe aún la ruta que lleve a elecciones libres. “Estamos mejor, sí, pero no estamos donde queremos estar”.
La cifra habla por sí sola: nueve o diez meses, el horizonte que maneja María Corina Machado para convocatoria. López no firmaría esa chequera sin ver el nuevo Consejo Nacional Electoral. “Designar al CNE, presentar un cronograma, validar partidos… Eso no se hace en dos meses, pero tiene que empezar ya”, me advierte, golpeando la mesa con el anular. El gesto es de profesor de universidad que se cansó de repetir la lección.

El precio del alivio americano
¿Y si Washington se queda con el petróleo? López encoge hombros. Prefiere la órbita de un país democrático al “arrodillamiento” que ofrecían Moscú, La Habana o Teherán. “Para la inmensa mayoría de los venezolanos, esto es un alivio, no una ocupación”, sentencia. La frase suena a campaña, pero detrás hay un dato duro: el crudo venezolano salta un 25 % en el mercado spot desde el 3 de enero. La cotización le importa más que el derecho internacional cuando uno lleva siete años sin pisar suelo patrio.
Él mismo lo padece. La dictadura le arrebató la nacionalidad; la justicia española se la devolvió en 24 horas. Aún así, volver “está descartado de momento”. El pasaporte nuevo brilla en la mesa como un trofeo, pero también como una cicatriz: demuestra que todavía necesita salvoconducto para soñar con Caracas. “El exilio es un hotel de salida, no una dirección”, me dice antes de despedirse. Y cierra con una frase que no admite réplica: “Mientras no haya elecciones, la transición es un ascensor que sube pero no para”.