Letonia da el primer paso para juzgar a putin por la invasión de ucrania

Letonia se ha convertido este lunes en el primer país en sumarse como miembro fundador al Tribunal Especial para el Crimen de Agresión contra Ucrania, una decisión que abre la puerta a enjuiciar a los máximos responsables de la guerra iniciada por Rusia en 2022.

La ministra de Exteriores letona, Baiba Braže, anunció la adhesión en su cuenta de X. El mensaje cayó como una bomba en la red social: Letonia no solo condena, quiere sentar en el banquillo a quienes ordenaron la invasión.

Sibiga agradece el coraje de riga

El responsable de la diplomacia ucraniana, Andrí Sibiga, respondió en la misma plataforma: «Apreciamos profundamente el liderazgo de Letonia». La frase suena a aplauso contenido. Y a aviso: otros países deberían seguir el ejemplo.

El Tribunal, creado en junio por el Consejo de Europa, nació para cubrir un vacío legal que la Corte Penal Internacional no puede llenar: el delito de agresión, es decir, la decisión de atacar a un Estado sin causa legítima. La CPI puede perseguir genocidios, crímenes de guerra o contra la humanidad, pero no puede tocar a quien dio la orden de disparar.

Ahora, ese «quien» tiene nombre y apellido: la élite política y militar rusa que planificó la invasión. El Tribunal complementará a La Haya. No necesita sustituirla, solo completarla.

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Sibiga desveló que otros siete Estados han aceptado el Acuerdo Parcial Ampliado que regirá el funcionamiento del Tribunal. No los nombró. El misterio alimenta la expectación: ¿quién será el siguiente en sumarse al club de los valientes?

Braže visitará mañana Kyiv. No es un viaje de cortesía. Es una demostración de apoyo en plena ofensiva rusa sobre Jarkiv. Letonia, con 1,8 millones de habitantes, da una lección de dignidad a las grandes potencias que aún dudan.

El Kremlin no ha reaccionado todavía. No necesita hacerlo: la noticia habla sola. Por primera vez desde 1945, Europa construye un mecanismo para juzgar a un jefe de Estado por haber lanzado una guerra en el continente. La factura puede llegar a Putin, pero también a sus generales, a sus consejeros, a los que firmaron los decretos.

La guerra sigue. Pero la rendición de cuentas ha empezado. Y ha empezado en Riga.