Los 650 españoles atrapados en el líbano blindan sus posiciones tras la masacre de sus compañeros
Un proyectil acaba de convertir el vehículo de los cascos azules indonesios en una hoguera cerca de Bahi Hayan. A 80 km de allí, los 650 militares de la Brigada Líbano XLIV aprietan el fusil y revisan los blindajes de sus puestos avanzados. La guerra ha vuelto al sur del Líbano y España tiene allí una pieza clavada en el tablero.

El calvario de los cascos azules que margarita robles no puede justificar
La ministra de Defensa ha salido este martes al paso con el manual de siempre: admiración, reconocimiento y promesa de refuerzos. Pero lo que nadie cuenta en el despacho de Margarita Robles es que los españoles están acuartelados desde hace 48 horas en bases que ni siquiera figuran en los mapas de riesgo actualizados por la inteligencia de la FINUL. Mientras tanto, los drones israelíes cruzan el cielo de Marjayoun como avispas y los milicianos de Hezbolá han rehecho sus trincheras a tiro de piedra de los checkpoints de la Resolución 1701.
La cifra habla por sí sola: tres muertos en dos días, todos indonesios, todos en la misma carretera que usan nuestros convoys de suministro. El Ministerio insiste en que los españoles operan en una «zona distinta». Lo cierto es que el destacamento español se reparte entre el sector occidental de Marjayoun y los puestos de observación de Shab’a, un triángulo donde el viento lleva el olor de la pólvora desde 2006.
En la base de comandancia de Shama los oficiales han ordenado doble ronda de noche y confinamiento diurno salvo patrullas de urgencia. Los soldados duermen con el chaleco puesto y han clavado sacos de arena hasta el techo de los dormitorios. La orden es disparar solo si te disparan, pero los francotiradores de Hezbolá están probando la fibra de los cascos azules con disparos de advertencia que silban por encima de los campamentos.
La misión original —verificar que ni Israel ni Líbano alteran el trazado de la línea azul— se ha convertido en un ejercicio de supervivencia. La artillería israelí ha devuelto el fuego en al menos cuatro ocasiones desde el domingo y los informes de la FINUL ya no hablan de «tensiones locales» sino de «escalada armada». El contingente español, que debería rotar en noviembre, podría verse forzado a prolongar su estancia si la ONU decide reforzar la franja en lugar de evacuarla.
En los muelles de Beirut, los primeros barcos de la flota de evacuación ya fondean con bandera francesa y alemana. Madrid aún no ha movido ninguno. Aquí no hay espacio para el optimismo diplomático: la Resolución 1701 murió el lunes bajo los escombros del vehículo indonesio. Los 650 españoles sobreviven ahora a una guerra que no es la suya, custodiando una frontera que nadie respeta y esperando que el próximo proyectil no lleva su nombre grabado en la culata.